
Antes, durante y después del Concilio Vaticano I, Newman bosquejó lo que podríamos llamar una mini-teología de los Concilios de la Iglesia, que tiene mucha relevancia para nuestro propio tiempo posconciliar. El primer punto a señalar es que Newman no tuvo duda de que los concilios habían sido siempre tiempos de gran aflicción.