ENTREVISTAS
Francesco D'Agostino

Fecundación asistida y sociedad matriarcal

Una concurrida charla en la Universidad de los Andes, donde varios parlamentarios chilenos quisieron conocer la posición del profesor D’Agostino como una autoridad internacional en materias de fecundación asistida (ver entrevista en la parte quinta de este libro), dio origen a una segunda conversación nuestra con él, ya esta vez en otro escenario, el de la facultad romana donde ejerce la docencia.

—  Usted es desde hace un año Presidente del Comité Italiano para la Bioética. El tema de la fecundación asistida es uno de los capítulos importantes dentro del espacio y la temática de la bioética. En Chile está en discusión una legislación sobre la fecundación asistida. El tema está de mucha actualidad y serían interesantes algunos puntos de aclaración. Desde luego, un punto que no resulta claro es cuándo nace la persona. Sobre este punto hay discusiones y yo no sé si usted pudiera en síntesis decirme cuál es el planteamiento que nace de la doctrina del magisterio sobre el mismo o si hay algún añadido filosófico. 

— La doctrina del magisterio apunta a la verdad de las cosas, es decir, a lo dicho por la biología sobre el origen del hombre. El magisterio no tiene una doctrina teológica sobre el comienzo de la vida humana; tiene una doctrina filosófica o simplemente la misma doctrina que nace de la consideración científica. Ahora bien, ¿qué dice la ciencia? La ciencia dice que el hombre es un individuo biológico de una especie llamada homo sapiens, naturalmente caracterizada por el don de la vida. Así, definiremos a la persona como un individuo vivo de la especie humana. El problema consiste precisamente en establecer cuándo se determina, cuándo nace un individuo, ya que la determinación del hecho de tener vida y pertenecer a la especie humana no crea dificultad alguna en particular. La verdadera dificultad consiste en establecer cuándo comienza la vida individual. La biología demuestra lo siguiente. El individuo nace de la unión de dos células, una célula femenina, el óvulo, y una célula masculina, el espermatozoide. Mientras no entran en comunicación, ambas células no se desarrollan, no evolucionan y permanecen en su condición de células. En el momento en que el espermatozoide y el óvulo entran en comunicación, crean un nuevo sistema biológico con una característica sumamente importante, cual es el hecho de ser portador de un proyecto propio de desarrollo.

—¿Se distinguen etapas en este proyecto de desarrollo?

— Lo que llamamos procreación no es sino el comienzo de un proceso de desarrollo autónomo de un nuevo individuo biológico perteneciente a la especie humana. Y este proceso de desarrollo nace únicamente en el momento en el cual el espermatozoide y el óvulo se encuentran y establecen una relación recíproca de carácter biológico. Procrear significa de alguna manera crear, pero en una dirección «pro», es una creación orientada. Mientras la creación de Dios es total, la procreación tiene una dirección, tiene un destino. Procrear significa procrear un individuo, y el nacimiento de este individuo se produce en el momento inicial en que el espermatozoide y el óvulo entran en comunicación recíproca y comienzan a desarrollarse. Desde ese momento en adelante el desarrollo es permanente y sin interrupción, y es inútil buscar etapas esenciales de este desarrollo, porque todas las fases son importantes. En la vida prenatal, la biología distingue 256 etapas de desarrollo, y en nuestra experiencia normal todos distinguimos el desarrollo del neonato del desarrollo del niño, el muchacho, el adolescente, el joven, el adulto, el hombre maduro y el anciano. En realidad, toda la vida del individuo es un desarrollo sin solución de continuidad hasta la muerte, pero al comienzo de este desarrollo existe la formación de un nuevo sistema biológico, y este sistema, que define al individuo, es imperceptible con los instrumentos de la ciencia. No es necesario un postulado filosófico para responder la pregunta «¿Cuándo nace un nuevo individuo humano?», porque la biología nos dice que nace del encuentro entre el espermatozoide y el óvulo.

— Pero se han producido muchas polémicas al respecto. 

— Todas las polémicas en torno al momento en que se inicia o debe iniciarse la defensa de la vida humana ocultan un profundo problema de conciencia, ocultan el deseo de reservar al legislador el poder de definir quién es el hombre y quién no es el hombre. Y aquí se encuentra tal vez uno de los legados más graves de la tradición del derecho romano, que hasta ahora muchas personas todavía no logran percibir. En el derecho romano, o más bien dicho en los derechos modernos provenientes del derecho romano, normalmente la personalidad jurídica coincide con el momento del nacimiento. Ahora bien, el error reside precisamente en que al derecho no le corresponde otorgar la personalidad jurídica, porque todo ser humano la posee como tal. El derecho romano inventó la teoría de la personalidad jurídica porque los romanos hacían una distinción entre los hombres libres y los esclavos y esta distinción hacía pensar que los esclavos no eran seres humanos. Este es el aspecto central del problema. Hemos superado la idea de que pueden existir hombres libres y esclavos, pero aún debemos superar la idea de acuerdo con la cual la personalidad jurídica es otorgada por el Estado o por el ordenamiento jurídico. Todo ser humano es sujeto de derecho. El Estado debe reconocer a todo ser humano su condición de sujeto de derecho.

— Otro punto importante de la discusión jurídica respecto de la fecundación asistida es el dar o no reconocimiento a la fecundación heteróloga. Entiendo que usted observa en esto un panorama antropológico bastante crítico.

—Sí, la fecundación heteróloga crea muchísimos problemas. Gran parte de los problemas provenientes de la fecundación heteróloga residen en el hecho que ésta facilita la muerte de los embriones y por consiguiente en sí misma contiene una dimensión de violencia intrínseca por ser una técnica que para hacer nacer un niño sacrifica un gran número de otros niños en potencia. Otra característica crítica de la fecundación heteróloga consiste en privar al niño del derecho de saber quién es realmente su padre, el derecho de conocer su identidad, ya que normalmente en esta fecundación el padre es un donador de semen absolutamente anónimo. En mi opinión, todas estas dificultades ocultan otra dificultad aún mayor y verdaderamente radical, que es la siguiente: la fecundación heteróloga corroe por dentro la figura paterna, dándole un carácter fundamentalmente superfluo, reduciéndola a una simple función biológica. El padre deja de existir y sólo hay un sujeto que ha proporcionado a la madre del niño un material biológico, el semen, necesario para la procreación. Esto significa atentar contra la estructura antropológica fundamental gracias a la cual se constituye la identidad del yo, la identidad de la persona. Toda la psicología de la edad evolutiva e incluso todo el psicoanálisis de la segunda mitad del siglo XX — y al respecto me gusta referirme sobre todo a Jacques Lacan—  han insistido en este punto: la formación del yo, de la identidad individual, es posible únicamente gracias a una fuerte interacción entre la figura paterna y la figura materna.

— En la cual es más importante la figura de la madre…

— El recién nacido no logra distinguir su propio ser de la figura de la madre. La primera etapa vital del niño equivale a una experiencia de fusión con la figura materna. El crecimiento del niño exige que éste logre distinguir la madre de su propio ser y comprender que ella es otra persona, pero este proceso de separación no es producido por la madre, sino por el padre. El padre separa al hijo de la madre mediante la posición de la norma. Lacan explica muy bien cómo en la raíz de la idea misma de la ley se encuentra precisamente la figura paterna, que por una parte es una figura fría, que separa al niño de la madre y hace sufrir al niño, pero por otra parte lo ayuda a llegar a ser él mismo, ya que mientras permanece en estado de confusión con la madre, el niño no adquiere su identidad propia. Y al final de este proceso el niño, gracias al padre, consigue identificarse con él, y en ese momento ha alcanzado en forma inicial, pero acabada, la construcción de su identidad. El padre y la madre aparecen en forma simétrica ante el niño en una dinámica que constituye un triángulo perfecto. Ésta es la construcción de la identidad psicológica del yo. El yo necesita el padre, que a través de la norma, a través de la ley, ayuda al niño a separarse de la madre y a percibir el límite del deseo de fusión, absolutamente emotivo y sin distinción, que une al niño con la madre. Podemos decir que casi todas las patologías psicoanalíticas provienen del hecho que el niño no ha logrado separarse de la madre por algún motivo, por la debilidad de la figura paterna o por un predominio indebido de la figura de la madre. Ahora bien, el tremendo riesgo de la fecundación heteróloga es la abolición de la figura paterna, pero sin abolirla de hecho, porque en realidad el niño nace sin padre en muchas ocasiones. Puede nacer sin padre porque éste muere antes del nacimiento o porque abandona a la madre.

— ¿Por qué sería más grave en el caso de la fecundación heteróloga?

— El problema no es de hecho, no es empírico, sino estructural. Cuando la mujer tiene un hijo de un hombre, aun cuando éste muera o la abandone, ella siempre le presenta al hijo la imagen del padre. La psicología habla del fantasma del padre, no en el sentido de un espectro, sino de una imagen psicológica comunicada por la madre al niño, imagen carente de valor ético. La madre puede decirle al niño «Tu padre era un criminal porque nos abandonó», pero él percibe la figura del padre como algo distinto y simétrico en relación con la madre. En cambio, en la fecundación asistida la mujer dice al niño «Tú eres enteramente mío, no tienes padre”, porque en el lugar del padre sólo hay un material biológico, a veces congelado, que tal vez proviene de un hombre muerto. Sabemos que algunas mujeres han sido fecundadas con semen de un marido muerto con anterioridad. Por consiguiente, en la fecundación heteróloga, en la dinámica psicológica del crecimiento del niño, no existe la referencia al padre, lo cual desestructura completamente la dinámica de la edad evolutiva.

— Se produciría inevitablemente un conflicto psicológico… 

— Al abolirse la figura paterna, lo cual es aún más grave, se altera completamente la estructura de la familia y el matrimonio. Esta mañana recordé una de las grandes hipótesis de la antropología cultural, de acuerdo con la cual en época muy remota existió una sociedad matriarcal. No existe prueba empírica alguna de la existencia de un matriarcado; pero existe la fantasía, el sueño, la idea del matriarcado, sobre todo en la mitología griega. El mito griego más famoso es el mito de las amazonas, una sociedad de mujeres guerreras sin hombres, donde «sin hombres» no significa que las amazonas no tuvieran relaciones sexuales con los hombres, sino que tenían únicamente relaciones sexuales. Más allá de la mera sexualidad, al hombre se le daba muerte o se lo excluía de la sociedad amazónica, es decir, era utilizado solamente como ser reproductivo. En una sociedad matriarcal, el hijo es únicamente de la madre, porque no se puede conocer el nombre del padre, ya que la mujer tiene relaciones sexuales con muchos hombres y es imposible distinguir el padre del niño. Por consiguiente, es una sociedad sin padre, sin matrimonio, sin familia, es decir, una sociedad concebible en abstracto, pero no experimentable en la realidad empírica. En cambio, el modelo patriarcal es un modelo que aspira dar un padre al niño.

Para dar un padre al niño, se requiere garantizar al hombre su propia paternidad. Para garantizar al hombre la paternidad, es necesario inventar el matrimonio. El matrimonio impide a la mujer tener relaciones con muchos hombres, imponiéndole la relación con un solo hombre. Así el hombre tiene la certeza de la paternidad y de este modo asume la responsabilidad con su propio hijo, que en una sociedad matriarcal no existe.

— Por lo tanto, es en la sociedad patriarcal donde nacen el matrimonio y la familia.

— Sobre todo nace la posibilidad para el niño de tener dos progenitores reales. Ahora bien, el modelo patriarcal es el único modelo real por nosotros conocido de construcción de la sociedad humana. El matriarcado es una hipótesis y nadie lo ha conocido realmente. El modelo patriarcal es una realidad histórica estructurada de maneras muy diversas en todas las sociedades, pero también en forma singularmente constante. En toda sociedad el niño tiene una figura paterna y una figura materna. En realidad, el patriarcado corresponde a una necesidad profunda del ser humano. Todo ser humano necesita un padre y una madre para ser él mismo. Para poder decir quiénes somos, debemos hacer referencia estructuralmente a un padre y una madre. Con la fecundación heteróloga, sobre todo en sus formas extremas, únicamente con la mujer, hay una abolición de la figura del hombre y la presencia paterna llega a ser estructuralmente inútil. Hay aquí un riesgo antropológico fundamental, que puede alterar en forma sumamente grave y absolutamente imprevisible la construcción psicológica de la subjetividad. Estamos ante una manipulación de lo humano infinitamente más grave que cualquier manipulación tecnológica, ya que aparentemente un niño que crece sin padre no es manipulado, pero en realidad es manipulado en la forma más violenta en cuanto queda desprovisto de uno de los pilares en los cuales basa su identidad.