Son las 9 y media de la mañana de un día domingo, y en la Plaza San Lorenzo in Lucina, a pocos pasos de la Plaza Montecitorio, donde transcurre su vida como senador “ad vitam”, el Presidente, como se le llama protocolarmente, se encuentra ya en su estudio. Las salas del piso al que entramos están arregladas con categoría y buen gusto, y el estar principal acoge los recuerdos de medio siglo de una trayectoria y pública de gran relieve.
Preparándose ya a esa hora para un seminario sobre Dante al que partirá sin falta, como todos los domingos, a las 11 de la mañana, Giulio Andreotti nos recibe en su escritorio, donde cuelga una preciosa Madonna renacentista.
Se le adivina cansado por la presión vivida en estos dos últimos años. Pero su estilo es siempre afable [sic] y reina en el entorno una gran serenidad.
–Desde hace algunos años usted dirige la revista 30 Giorni, publicación de inspiración católica e internacionalmente muy conocida. ¿Qué ha significado para usted esta experiencia de algún modo postpolítica?
En cierto modo ha sido un retorno a mi juventud. En mis años de estudiante comencé dirigiendo el semanario de los universitarios católicos, “Azione Fucina”, creado por Aldo Moro, que era su presidente. Más tarde, al retirarse Aldo Moro yo ocupé la presidencia en lugar suyo. Por ese motivo, me produce gran entusiasmo ocuparme nuevamente de la prensa católica en un buen nivel. Por otra parte, el grupo de jóvenes que participa en la redacción de 30 Giorni es muy selecto y lleno de ideas. Todos los meses podríamos editar cuatro números -y no uno- con la cantidad de proposiciones que surgen en las reuniones de redacción.
Es esta así una actividad que me da muchas satisfacciones, incluso de orden moral, y si bien la vida política también ha sido muy gratificante para mí y sigo ocupándome de ella diariamente en el Senado, no es tan luminosa como la vida de una publicación, donde no existe una finalidad inmediata de conseguir votos.
-30 Giorni ha jugado y sigue jugando un papel clarificador en lo doctrinal, bastante reconocido.
–Procuramos analizar los problemas y vivir la época postconciliar en profundidad y mucha serenidad, sin demagogia. Muchas personas han enfocado el Concilio y el período posterior al mismo con puntos de vista muy especiales, que a menudo no reflejan la realidad. Baste considerar, por ejemplo, cómo todavía se habla de Juan XXIII, destacando aspectos del todo ajenos a su personalidad. Considero, al contrario de lo que se pregona, que fue un Papa sumamente riguroso en los principios. A mi modo de ver, el Sínodo Romano realizado en su época fue el más riguroso de todos, hasta el punto que en gran parte ni siquiera se aplica en el clero romano. Sin embargo, normalmente se pretende dar una imagen permisiva de este Papa, que no es verdadera.
En la medida de lo posible, nosotros procuramos ser objetivos tanto frente a los problemas religiosos como de carácter mixto, relacionados con la vida y la cultura. Es decir, hacemos un esfuerzo por no permitir que los sentimientos predominen sobre la razón, porque los sentimientos son hermosos cuando respaldan un conjunto de ideas y programas, pero no conducen a conclusiones sabias si se desplazan a la razón.
–Se le ha visto en 30 Giorni en el ejercicio netamente periodístico de entrevistar. Ha hecho usted, por ejemplo, una entrevista muy interesante y muy de fondo a don Luigi Giussani, creador del movimiento “Comunión y Liberación”, que inspira a dicha revista.
-Sí, Giussani es realmente un personaje de la Iglesia del cual tenemos mucho que aprender, porque en él encontramos un equilibrio poco común entre la modernidad y la solidez de la tradición.
–Asimismo su artículo en defensa de la beatificación de Pío IX recorre muchos espacios periodísticos fuera de Italia.
-Es un tema interesante en nuestro país, porque un prejuicio político impide llevar a cabo este proceso de beatificación, aun cuando se cumplen todos los requisitos del caso, incluyendo la comprobación del milagro. En mi opinión, como señalo en ese artículo, la preocupación de quienes mantienen reservas es exagerada, ya que en la actualidad ha desaparecido la confusión de las primeras décadas posteriores al fin de los Estados Pontificios entre la figura del Papa como tal y la imagen del Santo Padre como rey de esos Estados. Me parece así una preocupación infundada. Pero es el motivo por el cual está detenido el proceso de beatificación. En todo caso, espero que se reinicie, porque se trata de una figura espléndida; es realmente un santo. Ciertamente fue el último Papa del poder temporal y en sus años de gobierno enfrentó enormes dificultades, porque en los Estados Pontificios necesariamente existía una confusión entre la política y la religión. Me parece justo seguir adelante con el proceso de beatificación de Pío IX, del mismo modo como ocurre con Papas más recientes, y espero que así suceda.
–Y qué diría del diálogo interreligioso, que 30 Giorni también cultiva bastante.
–Es otro aspecto importante, Con motivo de la apertura de la mezquita de Roma, hicimos un número extraordinario enteramente en árabe. Es interesante porque tuvo cierta difusión en los países de ese mundo. Personalmente he entrevistado en algunas oportunidades a Khadafi y Arafat, y no sólo he abordado los aspectos políticos. En el fondo analizamos éstos en relación con problemas más generales.
Tenemos también buenas relaciones con los patriarcas de Moscú y Belgrado y hemos publicado algunas entrevistas importantes. Estas no las hice yo directamente, sino que nuestros enviados.
El diálogo intercristiano es muy delicado y procuramos profundizarlo en cierta medida, de manera objetiva, no sectaria, lo cual me parece sumamente útil.
Cambios culturales
–Desde los tiempos en que usted presidía el Consejo de Ministros al momento actual, ¿qué factores sensibles de cambio observa en la cultura predominante en Italia?
-La situación actual es producto de un movimiento general de transformación. Con la caída del muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética, en todo el mundo se procura en cierta medida cambiar las cosas. Se da la existencia de una transformación no sólo lógica sino incluso fisiológica.
Ahora bien, en lo que respecta a las repercusiones de este proceso cultural en lo político, al día de hoy observo aspectos negativos. En primer lugar, la política exterior ha perdido su importancia primordial. En la escuela de De Gasperi, nosotros enfocábamos la política interna en función de la política exterior, de las convergencias, divergencias y alianzas. El hecho de que durante cuarenta años no hubiera sido posible en ningún momento tener una relación de colaboración con los comunistas era precisamente producto del ordenamiento antitético de la política exterior, con una brecha entre el Este y el Oeste. El segundo aspecto negativo es el hecho de que prácticamente no se habla de programas o ideas. Todo es personalizado. Uno es amigo de Berlusconi, por poner el caso, o no es amigo de Berlusconi. En estas condiciones, las personas no se unen ni se dividen para la realización de ciertos objetivos. Sin pretender ser dogmático, un error que entre nosotros agrava esta situación, es la adopción de una ley electoral mayoritaria en la Cámara, pero de un carácter mayoritario un poco especial. ¿Cuál es el resultado de la ley actual? Que se constituyen mayorías electorales con el fin de triunfar en las elecciones, pero al no existir homogeneidad política o programática, la situación es tremendamente más difícil con posterioridad a las elecciones, incluso desde el punto de vista de la gobernabilidad. En la derecha, por ejemplo, la unión de Alianza Nacional, Forza Italia y la Liga Lombarda, ciertamente produjo un buen resultado numérico, pero Bossi, líder de la Liga Lombarda, comenzó a hacer sus críticas el mismo día de las elecciones, y posteriormente al cabo de pocos meses, provocó la caída de Berlusconi. Por otra parte, el Partido Democrático de Izquierda, sucesor de los comunistas, se había unido con Rifondazione Comunista, y mientras Occhetto, el secretario de este movimiento postcomunista, visitaba la sede de la OTAN y la City de Londres para demostrar que ellos habían cambiado completamente en relación con el pasado, los de Rifondazione Comunista, su aliado, consideraban necesario salirse de la OTAN. El desarrollo de la Unión Europea es un tema que debería ocupar el centro de la atención política en Italia y tiene plazos importantes. Sin embargo, rara vez se habla de estos asuntos europeos de primera importancia, como usted puede comprobar leyendo nuestros diarios. En 1999, Europa adoptará la moneda única. Tan sólo los países que están preparados podrían incorporarse a este sistema.
Pido excusas si no soy objetivo. Ciertamente en el pasado tuvimos muchos defectos y hubo una gran cantidad de omisiones, algunas personas aprovecharon las circunstancias y tal vez no controlamos suficientemente las situaciones. No estoy defendiendo en bloque el pasado y reconozco los aspectos negativos, pero a mi modo de ver existía una inspiración política de fondo, que hoy día no se encuentra.
–Lo cual es expresión en la política de lo mismo que sucede en otros campos. Luego de desaparecer las ideologías, parece que se cayó en un vacío.
Sí, porque en el campo de la política, por ejemplo, fue de gran utilidad superar el ideologismo, que en definitiva se traduce en fanatismo, pero eso no significa superar las ideas o el idealismo, dos cosas absolutamente necesarias en la vida política, que no sólo consiste en la organización y en los spots publicitarios, sino también en la búsqueda del sustento de convicciones. Ahora bien, la convicción es de naturaleza compleja y ciertamente debe suscitarse con métodos modernos, recurriendo a instrumentos actuales de propaganda, pero el producto debe ser necesariamente un conjunto de ideas y en este sentido nos encontramos actualmente en niveles bajos. Este es el aspecto en cierto modo más preocupante, porque existe el riesgo de que mucha gente pierda interés en la política. Nosotros siempre teníamos una participación electoral muy alta, en la actualidad no es así. En las últimas elecciones parciales en Nápoles, por ejemplo, sólo menos de la mitad de los electores, y creo que el hecho se debe a falta de motivación. Lo actual no depende únicamente de las personas involucradas en el proceso. Las personas también son importantes, pero cuando son portadoras de ideas y programas. De lo contrario, sólo es posible una política efímera, pero no una política constructiva.
¿Dos graves problemas penales?
–Senador, usted se encuentra comprometido actualmente en dos procesos penales, uno por connivencia con la mafia, otro por el asesinato del periodista Mino Pecorelli. ¿Cuál es su estado de ánimo?
-Inicialmente, tres años atrás, cuando me cayó por sorpresa esta doble acusación, la experiencia fue realmente muy traumatizante para mí, porque esperaba cualquier cosa menos eso. Justamente yo había sido el autor de algunas leyes muy rigurosas contra la mafia, hasta el punto de que me acusaron de no dar suficientes garantías y los comunistas junto a Vassalli, Ministro de Justicia, votaron en contra de mi primera ley en el Parlamento.
La acusación en curso es en parte conjunta, porque proviene de las declaraciones de algunos mafiosos acogidos a la ley de “arrepentimiento”, entre ellos Buscetta, que llegó a ser un personaje importante, y del cual debí ocuparme cuando fui Ministro de Relaciones Exteriores. En esa época él se encontraba en Brasil y tanto los norteamericanos como nosotros queríamos procesarlo, pero en Estados Unidos no lo habían logrado. Tommaso Buscetta ha dicho muchas cosas. Por otra parte, esta acusación en relación a la mafia surgió también de luchas internas entre los demócrata cristianos, a raíz de lo cual la votación de la Democracia Cristiana en Sicilia disminuyó del 40 al 8 por ciento.
–En todo caso esto habría significado un gran impacto para quien fuera exponente del poder casi cuarenta años ininterrumpidos. Reconoce usted en su libro “Cosa Nostra” (Cosa de ellos), que en la vida hay momentos en que sólo los grandes ideales impiden un quiebre…
Sí, esto me sirvió enormemente para superar la primera etapa, porque realmente pensaba que no sería capaz de resistir, incluso físicamente. La religión y la familia fue lo que me ayudó. Comprendí entonces la religión en mejor forma que nunca. En el pasado, y durante mucho tiempo, viví siempre sumamente ocupado. Iba a misa en la mañana, pero al mismo tiempo estaba preocupado de mirar el reloj, y leía poco porque tenía mil cosas que hacer. Con posterioridad a esta tremenda vicisitud, mi vida religiosa ha adquirido mayor profundidad. Pienso que durante muchos años todas las cosas se dieron fácilmente para mí y recibí grandes honores, incluso a nivel internacional, y tal vez para ganar el cielo sea necesario tener un poco de viento en contra. En este sentido, la experiencia ha sido beneficiosa. Por otra parte, en mi familia y entre mis hijos –son cuatro y tengo cuatro nietos- se ha producido una unión más estrecha que nunca. En este plano veo las cosas con mucha serenidad y yo diría que este es un gran apoyo. Asimismo gozo del respeto de las personas y en ninguna época de mi vida he sido objeto de tantas manifestaciones de solidaridad, incluso de gente que no conozco. No ha habido actos en contra mía ni manifestaciones de desaire, porque al cabo de cincuenta años de vida pública se conoce quién se es. Uno puede engañar durante uno o dos años, pero yo he estado medio siglo a la luz pública, creo que las personas me conocen y no tengo la sensación de que estas acusaciones influyan en ellas.
Por lo demás, es muy difícil llevar adelante estas acusaciones, porque nada las confirma. Así, cuando buscaron trampas para hacerme caer resultaron ser inútiles. Es ciertamente un momento un poco triste para mí, no porque sienta nostalgia del poder. En el fondo, creo que si uno escribe un buen artículo y la gente lo lee, en algunos aspectos se tiene más poder que al ser autor de una ley. Naturalmente, en la prensa ha aparecido una imagen negativa, incluso a nivel internacional, porque estas noticias son de interés para la crónica. Sin embargo, también en ese ámbito las personas me conocen y nadie ha retrocedido o evadido el contacto conmigo.
Por ejemplo, todos los años he asistido a la Conferencia de la Pastoral Sanitaria, invitado a hacer una exposición el último día o para actuar como moderador. Este año yo había señalado que yo no quería crear problemas a la Santa Sede y que por lo tanto no me parecería injusto no ser invitado. Sin embargo, además de recibir la invitación presidí la mesa redonda, porque el Santo Padre fue de una gran bondad conmigo. En ese aspecto no tengo motivos para lamentarme.
–Pero supongo que sí, como casi todo el mundo, aspira a que se haga verdadera justicia…
-Mi preocupación principal es que si el proceso dura demasiado tiempo, deberé llegar al fin de mi existencia terrena sin ver reafirmarse la justicia, lo que por supuesto no me gustaría que sucediese.
Las hipótesis
La conversación fluye hacia diversas consideraciones que rodean el “caso Andreotti”.
Así por ejemplo hacia el análisis de Nicola Giuso publicado en Studi Cattolici, que sitúa los referidos juicios en coherencia con tentativas anteriores, que buscaron quebrar a los ojos de la opinión pública el protagonismo político de los católicos en el período de la postguerra. El intento del socialista Lelio Basso en los años 50 y 60, que postulaba la continuidad del régimen fascista a través de la DCI; o el de magistrados comunistas en los años 70, que pretendieron explicar el control electoral de la DC en el sur de Italia por una supuesta compenetración orgánica de ésta con los representantes del crimen. ¿Qué piensa al respecto el ex Presidente del Consejo?
-En este país se suele recurrir sin medida a los golpes en la lucha política. Ahora bien, no es verdad que la Democracia Cristiana haya sido fuerte porque la apoyara la criminalidad. Nuestra crisis, por lo demás, surgió a raíz de un cambio general en el contexto cultural y político, y no por otros motivos.
El actual alcalde de Palermo, en su polémica contra Lima, un diputado demócrata cristiano amigo mío, asesinado posteriormente, decía excitado a la gente: “¡Quien tiene votos en estos barrios de Palermo es un mafioso!” En la actualidad, él ha obtenido esos votos en dos oportunidades. ¿Qué significa eso? No creo que sea mafioso, pero su lucha la daba usando esos términos. Él es uno de los personajes que más me ha atacado y sigue haciéndolo con gran fuerza.
–Se trata de un ex demócrata cristiano…
-Como siempre ocurre, las personas que abandonan un grupo político o religioso se convierten en sus adversarios más encarnizados… Pienso, con todo, que con el tiempo también él cambiará de opinión.
–Vistas las cosas a distancia, es frecuente que se produzca una cierta confusión entre siciliano y mafioso…
–No es justo considerar sinónimo los términos “siciliano” y “mafioso”. Desde luego una de las características más graves de estos mafiosos, que no es atribuible a los sicilianos, es su desprecio por la vida. Recientemente uno de ellos declaró ser autor de veinte homicidios, y lo hizo con muchas sangre fría, diciendo “es mi trabajo”, como si se tratara de un oficio de artesano u obrero.
La mafia es un fenómeno histórico de carácter criminal, que ha adquirido mayor gravedad con el problema de la droga. La conexión de los sicilianos y norteamericanos mafiosos con el tráfico internacional de drogas ha empeorado considerablemente la situación. La mayor parte del pueblo siciliano es víctima de la mafia sin formar parte de ella. Suele ser difícil comprender debidamente estas circunstancias porque en la lucha política con frecuencia los adversarios son acusados de mafiosos. Conocimos el caso más notable inmediatamente después de la guerra: Vittorio Emanuele Orlando, un personaje mítico italiano; había sido Presidente durante la Primera Guerra Mundial y era muy combatido por los comunistas, que lo llamaban mafioso. Por este motivo, los ministros comunistas no asistieron a escuchar el discurso pronunciado por Orlando después de la liberación, evocando la Primera Guerra Mundial. Esto ocurrió en 1944 o 1945. Sin embargo, en 1948, nosotros votamos por Einaudi, elegido Presidente de la República, y los comunistas votaron por Orlando. En la actualidad también se emplea este tipo de argumento en la lucha política cuando no es posible atacar con otros medios.
Pero todavía algunos dicen: “Hay una fotografía”…
–Han buscado en todas partes, gastando muchos millones en esta investigación sobre mi persona, sin encontrar nada.
Por lo demás, los Salvo fueron acusados de mafiosos en 1984, pero en esa época eran considerados entre las personas importantes del lugar y todos los frecuentaban. Fíjese que en ese Hotel Zagarella, propiedad de los Salvo, donde fue tomada la fotografía en 1982, se realizó una gran convención organizada por la Corte Suprema de Justicia de Roma, con magistrados de toda Italia. Por consiguiente, ellos eran bien considerados. Yo, sin embargo, no los conocía. Y si los hubiera conocido, lo habría dicho, porque no habría motivos para ocultarlo. Todo esto, la falta de pruebas reales, naturalmente que irrita a mis enemigos…
–¿Es la única fotografía que existe?
–La única (y tomando el documento en la mano va indicando): Éste es el Presidente de la región, Pier Santi Mattarella, que después fue asesinado. Éste era Ruffini, Ministro de Defensa en ese momento. Y éste era Nino Salvo, propietario del hotel, lo cual he sabido por información de los jueces. Éste soy yo. Probablemente éste es un funcionario de seguridad.
La copia que observamos es poco nítida. Andreotti se explica.
-No tengo otra mejor. Esta mañana tuve que copiarla de los expedientes del proceso.
–Otras de las hipótesis que se ventilan es la de quienes afirman que el encausamiento que usted sufre tendría un alcance internacional. Para algunos grupos de poder norteamericanos, se dice, no representando ya la DCI una necesidad para defender una parte de Europa del comunismo, y dada la inclinación de sus dirigentes a favorecer a los países árabes, el proceso en curso tendría el carácter de una venganza. A ello se prestarían los “arrepentidos de la mafia”, en su mayoría residentes hoy en los Estados Unidos. ¿Le parece esto algo verosímil?
Tratándose de hipótesis, todas son buenas mientras no se logre comprobar quién organizó esta maniobra en mi contra. Creo en efecto que es una venganza y proviene precisamente del ambiente de la mafia, porque, como decía, en mi gobierno de los años 1989 a 1992, y también con anterioridad, en calidad de Ministro de Relaciones Exteriores, trabajé muchísimo en la lucha contra las drogas, tanto en el ámbito interno como a nivel internacional. Por consiguiente, puesto que indudablemente existe una vinculación entre nuestra mafia local y la mafia norteamericana, incluso en lo que se refiere al narcotráfico, ésta es una de las posibles razones que origina el caso, además de aquellas provenientes de la política interna. Ciertamente, que unas y otras se unen y sus agentes aprovechan la situación.
-¿Se descarta que usted atribuya responsabilidad en esta acusación a instancia vinculadas con autoridades norteamericanas?
–No, no creo que esto provenga directamente de autoridades norteamericanas. Es verdad que en general para los norteamericanos es difícil comprender qué es la Democracia Cristiana, porque tienen una gran confusión con temas como el papismo y la religión. Esto es cierto, y es tan cierto que siempre de parte de ellos ha habido un gran estímulo a favor de otras fuerzas, sobre todo de los socialistas. Cuando se llegó al acuerdo con los socialistas, acelerando en cierto modo los tiempos, el gran impulso fue dado también por los norteamericanos. En el libro de Schlesinger sobre los mil días de Kennedy, se mencionan reuniones realizadas en Roma para acelerar la llamada “apertura a sinistra”, la colación de centroizquierda. Pero no creo que esto tenga relación con mi caso personal…
Naturalmente que en los servicios nuestros y de otros países puedan existir personajes con una política y una acción propias. En ciertas ocasiones debí tomar medidas muy estrictas con nuestros servicios a este respecto, y hay personas que quedaron resentidas conmigo.
–En esos casos no es fácil individualizar.
-Me sugirieron contratar un investigador en Estados Unidos, pero es demasiado caro. No soy pobre, pero tampoco soy rico. Vivo de mí trabajo, de mis derechos de autor y de la dieta parlamentaria, pero no podría darme el lujo de contratar un investigador. Con todo, sería útil comprender la situación, porque ciertamente algunas de esas personas viven en Estados Unidos y por lo tanto existe un cierto influjo del ambiente norteamericano, y tal vez de la mafia de ese país, que es muy importante en Estados Unidos, y en alguna oportunidad ha estado ligada al poder. Se han publicado, por ejemplo, documentos en los cuales se encargaba a los mafiosos de Florida realizar acciones perturbadoras en Cuba, y estas tareas eran encomendadas por cierta agencia gubernamental. Quizás si alguno de esos servicios tuvo también participación en este caso. En este aspecto también espero tener cierta claridad.
El aborto
–Desde los sectores que políticamente lo defienden, se esgrime entretanto una crítica muy seria a su gestión de gobernante por lo que dice relación a la aprobación del aborto. Si la necesidad de no entregar el poder a los comunistas lo llevó a firmar dicho decreto y a no abdicar, ¿no considera hoy, visto en la perspectiva del tiempo, que la implantación del aborto fue en sí misma un triunfo rotundo de la cultura marxista?
–Ciertamente, si yo hubiera podido, habría entregado el poder para no firmar la ley del aborto. Con todo, existía el recurso del referéndum, de manera que si el pueblo lo hubiese deseado, podría haber anulado la ley. Pero nuestra derrota en el referéndum fue superior a la anterior, en el divorcio, lo que es muy grave.
¿Por qué en definitiva no abandoné el poder? El hecho ocurrió precisamente en las semanas posteriores al terrible incidente de Aldo Moro y estaba en su apogeo la lucha de las Brigadas Rojas contra el Estado. Por consiguiente, si se provocaba una crisis –por lo demás con una perspectiva difícil, porque si yo no firmaba, ningún otro demócrata cristiano lo habría hecho- habríamos debido entregar el gobierno en ese momento –repito- de tremenda lucha con el terrorismo, superada sólo con posterioridad. Me encontré así en una situación angustiosa, porque ciertamente firmar esa ley es una de las cosas que más me ha costado hacer. Nosotros habíamos luchado en el Parlamento, votando en contra, pero los partidos del aborto tenían la mayoría; la esperanza de que el pueblo anulara la ley en el referéndum resultó ser vana. Fue una lección muy importante, que vino a demostrar la necesidad de evangelización no sólo de los países de las misiones, sino también entre nosotros.
–Muchas personas elogian hasta hoy la actitud del rey de Bélgica.
–Él se retiró un día y regresó al siguiente. No quiero desconocer los méritos de su testimonio, pero el problema aquí fue distinto. Tal vez yo también podría haber delegado la responsabilidad al Vicepresidente y desaparecer durante un día, pero hay que tener en cuenta que la situación general no habría cambiado.
-Sí, ciertamente, debo reconocer que fue un mal momento en mi vida política, y si no hubiera coincidido con el gran ataque de las Brigadas Rojas contra el Estado, yo no hubiera firmado la ley y habría abandonado el poder.
Lastres aún vigentes
–La ideología comunista ha muerto. ¿Cree que ha muerto la cultura comunista?
–Yo diría que no. En Italia, un sector de excomunistas o herederos del comunismo han ingresado a la Internacional Socialista, lo cual constituye en teoría una gran superación, porque en otra época la mayor ofensa que podía hacerse a un comunista era llamarlo “social demócrata”. Pero me preocupa el resurgimiento de los viejos comunistas con formas nuevas, como se observa hoy en términos de la mentalidad de algunas personas de una tradición laicista, fenómeno concomitante con lo que ocurre en los países del Este, como Polonia.
Este fenómeno se traduce en aspectos tales como la legislación escolar, donde aparecen obstáculos a los apoyos que regularmente tuvo la enseñanza privada y por tanto los colegios católicos. Se juntan aquí las fuerzas provenientes de una tradición laicista, con la influencia de los comunistas.
La superación del fenómeno comunista no es así un hecho ligado únicamente a un período histórico, sino sobre todo a una cultura y a una mentalidad. Espero que con un mayor esfuerzo de parte nuestra logremos superar ciertas posiciones.
–Hay quien sostiene, por ejemplo, que el gramscismo es la cultura dominante hoy en la escuela italiana. ¿En qué grado es cierto esto?
-Tal vez sea exagerado que es la cultura dominante, pero ciertamente las diversas formas de secularización y laicismo, y la separación entre la religión y la vida pública, son un fenómeno muy presente y muy vivo hoy. Con todo, esta situación depende bastante de nosotros, los católicos. Debemos ser más activos en el estudio y en la evangelización de la sociedad. La Conferencia Episcopal, en el reciente Encuentro de Palermo, ha puesto gran énfasis en la caridad, lo cual es justo, porque es una cosa importante y tenemos problemas inmediatos, con los inmigrantes, por ejemplo, y con otra clase de abandonados. Pero la caridad, además de ocuparse de los pobres y los enfermos, también consiste en ayudar al prójimo en la búsqueda de líneas intelectuales válidas. Ciertamente, en Italia estábamos acostumbrados a decir: “puesto que el 99 por ciento del país es católico, todo el país es católico”. En la realidad no es así.
–Según se lee en un libro póstumo de Augusto del Noce, publicado recientemente, al parecer se han alterado los términos de la restauración católica propuesta por León XIII. Para este pontífice –dice Del Noce- el pensamiento católico debía salvar a la democracia de la degeneración a que se halla expuesta. Al revés, pareciera que para los cristianos democráticos de hoy el problema principal ha venido ha venido a ser el educar a los católicos para la democracia, entendiendo por democracia un régimen neutral desde el punto de vista ético y religioso. ¿Está de acuerdo con la afirmación de Del Noce?
–En parte estoy de acuerdo. La discusión en torno a la existencia de una religión del Estado ha sido superada por nosotros en cuanto no existe la religión del Estado sino la religión de los italianos y algunas la profesan y otros no. Por consiguiente, en algunos aspectos Del Noce tiene razón desde el punto de vista conceptual. Pero se trata de una tarea educativa que debemos llevar a cabo y no podemos pretender decir que quien no tiene estas raíces no es democrático. El riesgo evidente del pluralismo es convertirse en indiferentismo, pero es un gran problema de educación, de formación del cual debemos hacernos cargo. A los católicos en cuanto tales nos corresponde ocuparnos de esta tarea.
Moral y ciencia
Aquí hay una especie de situación nueva, que se presenta respecto de los orígenes de la democracia, incluso como Tocqueville la ve: en los orígenes de la democracia americana por lo menos había un cierto consenso protestante básico respecto de ciertos puntos, que la cultura en su evolución, desde el siglo pasado, ahora ha erosionado. Entonces, desapareciendo ese consenso cultural básico, resulta que la democracia queda al fin expuesta a una contradicción consigo misma.
-Es verdad. Cuando De Gasperi estuvo por primera vez en Estados Unidos, en su exposición al regreso señaló que nada lo había impresionado tanto como la inscripción del monumento al soldado desconocido: “Desconocido para todos, menos para Dios”. Por otra parte, en ciertos aspectos, el pluralismo religioso de los Estados Unidos ha conservado algunas cosas, como por ejemplo la oración antes de las comidas. Existían raíces substancialmente cristianas, que tal vez son conservadas precisamente por la competencia entre católicos y protestantes. Es un asunto importante, pues se necesita un consenso moral. La ética debe unirnos. Y también existe una ética natural, por supuesto, es necesario reconocer esto.
El problema justamente de la democracia parece ser la erosión de estos fundamentos naturales, que deberían tener una proyección dentro del orden jurídico.
-Naturalmente, porque si se llega a un indiferentismo en las raíces de carácter moral, incluso en la moral natural, considerándolas ajenas a la vida normal, tenemos un concepto de libertad desenfrenada, sin límites, lo cual arroja a una absoluta contradicción.
En mi opinión, actualmente es posible recuperar ciertas posiciones con el apoyo de la ciencia. Por ejemplo, la ciencia ahora reconoce que el hombre es una persona desde el momento de la concepción y no a partir del nacimiento, es decir, es un sujeto y no un trozo de carne de la madre del cual ella puede disponer a su antojo. La ciencia actual demuestra que al cabo de pocas semanas la criatura es un ser vivo ligado a la madre. Sobre esa base es posible revisar la ley de aborto. Se necesita tiempo, pero es posible, porque en el fondo nadie tiene derecho a asesinar a una persona. Si quien da muerte a una criatura después del nacimiento es un asesino, ¿por qué no lo será aquel que lo hace cuando el ser está vivo, pero dentro del seno de la madre? Existe una relación entre la fe, la moral y la ciencia que en lo sucesivo puede contribuir a esta recuperación.
–Cierto. Aunque también hay que contar con cierto consenso cultural y religioso, por lo menos en aquellas naciones que en su historia han logrado construirlo. Es, por ejemplo, el caso de Italia. No obstante que en Palermo, hablando a la Iglesia italiana el Papa ha dicho que esta nación, que ha recibido un insigne y especialísimo legado de fe, se ve afectada desde hace tiempo, pero especialmente hoy, por corrientes culturales que ponen en peligro el fundamento de esta herencia cristiana.
–Eso ocurre en todas partes. En el fondo estamos viviendo con efecto retardado el Iluminismo y la Revolución Francesa. Sin embargo, en este aspecto no soy pesimista en cuanto al futuro, porque en relación con la vida – repito- la ciencia se está acercando a una posición cultural justa. Afortunadamente, en la actualidad, al parecer ha dejado de existir el prejuicio básico de acuerdo con el cual el hombre de ciencia, salvo excepciones, no era religioso y consideraba la religión un hecho obscurantista.
En sentido inverso, está presente sin embargo la confluencia de los medios de comunicación, que normalmente genera grupos del llamado capitalismo puro. Estos grupos tienen aversión por la Iglesia y el Papa, y cuando él habla de economía social de mercado, el adjetivo “social” les produce fastidio. Quisieran, asimismo, que sin más autorizara el uso de anticonceptivos y aprobara el sacerdocio femenino. Producen una gran confusión, y en el fondo son éstas las formas de un anticlericalismo moderno, más refinado.
Vieja tradición laicista
–Efectivamente. Ahora bien, ¿qué responsabilidad reconoce en general a la gestión demócrata cristiana de la postguerra, que fue tan larga en Italia, en la tan amplia expansión aquí de la cultura secularista, que por otra parte constituye hoy el núcleo animador del neocomunismo?
–Nosotros contamos siempre con un amplio consenso popular, pero con respecto a los centros de poder financiero y editorial siempre fuimos casi marginales. A pesar de que nuestros adversarios decían que queríamos totalizarlo todo, eso no fue verdad y tuvimos respeto. Por su parte, hay que tener presente que en 1948, cuando obtuvimos mayoría absoluta, fue una mayoría de votos de un pueblo que no quería caer en la dictadura comunista, y no una mayoría de los diversos componentes, tales como los periódicos o los bancos.
Asimismo, se conservó y se conserva todavía muy viva en Italia una vieja tradición, que proviene del Risorgimento, de carácter laicista, que arranca de la oposición a los Estados Pontificios. Todo eso pesó en gran medida y pesa hasta ahora. Italia tiene raíces históricas especiales y sin duda complejas.
Esta entrevista forma parte del libro:
