ENTREVISTAS
Giulio Andreotti

Después de cuarenta años en el poder…

Son las 9 y media de la mañana de un día  domingo, y en la Plaza San Lorenzo in Lucina, a  pocos pasos de la Plaza Montecitorio, donde  transcurre su vida como senador “ad vitam”, el  Presidente, como se le llama protocolarmente, se  encuentra ya en su estudio. Las salas del piso al  que entramos están arregladas con categoría y  buen gusto, y el estar principal acoge los  recuerdos de medio siglo de una trayectoria y  pública de gran relieve. 

Preparándose ya a esa hora para un seminario  sobre Dante al que partirá sin falta, como todos  los domingos, a las 11 de la mañana, Giulio  Andreotti nos recibe en su escritorio, donde  cuelga una preciosa Madonna renacentista. 

Se le adivina cansado por la presión vivida en  estos dos últimos años. Pero su estilo es siempre  afable [sic] y reina en el entorno una gran  serenidad. 

Desde hace algunos años usted dirige la  revista 30 Giorni, publicación de inspiración  católica e internacionalmente muy conocida.  ¿Qué ha significado para usted esta experiencia  de algún modo postpolítica?  

En cierto modo ha sido un retorno a mi  juventud. En mis años de estudiante comencé  dirigiendo el semanario de los universitarios  católicos, “Azione Fucina”, creado por Aldo Moro,  que era su presidente. Más tarde, al retirarse Aldo  Moro yo ocupé la presidencia en lugar suyo. Por  ese motivo, me produce gran entusiasmo ocuparme nuevamente de la prensa católica en  un buen nivel. Por otra parte, el grupo de jóvenes  que participa en la redacción de 30 Giorni es muy  selecto y lleno de ideas. Todos los meses  podríamos editar cuatro números -y no uno- con  la cantidad de proposiciones que surgen en las  reuniones de redacción.  

Es esta así una actividad que me da muchas  satisfacciones, incluso de orden moral, y si bien la  vida política también ha sido muy gratificante  para mí y sigo ocupándome de ella diariamente en  el Senado, no es tan luminosa como la vida de una  publicación, donde no existe una finalidad  inmediata de conseguir votos. 

-30 Giorni ha jugado y sigue jugando un papel  clarificador en lo doctrinal, bastante reconocido.  

Procuramos analizar los problemas y vivir la  época postconciliar en profundidad y mucha  serenidad, sin demagogia. Muchas personas han  enfocado el Concilio y el período posterior al  mismo con puntos de vista muy especiales, que a menudo no reflejan la realidad. Baste considerar,  por ejemplo, cómo todavía se habla de Juan XXIII,  destacando aspectos del todo ajenos a su  personalidad. Considero, al contrario de lo que se  pregona, que fue un Papa sumamente riguroso en  los principios. A mi modo de ver, el Sínodo  Romano realizado en su época fue el más riguroso  de todos, hasta el punto que en gran parte ni  siquiera se aplica en el clero romano. Sin  embargo, normalmente se pretende dar una  imagen permisiva de este Papa, que no es  verdadera. 

En la medida de lo posible, nosotros  procuramos ser objetivos tanto frente a los  problemas religiosos como de carácter mixto,  relacionados con la vida y la cultura. Es decir,  hacemos un esfuerzo por no permitir que los  sentimientos predominen sobre la razón, porque  los sentimientos son hermosos cuando respaldan  un conjunto de ideas y programas, pero no  conducen a conclusiones sabias si se desplazan a  la razón. 

Se le ha visto en 30 Giorni en el ejercicio  netamente periodístico de entrevistar. Ha hecho  usted, por ejemplo, una entrevista muy  interesante y muy de fondo a don Luigi Giussani,  creador del movimiento “Comunión y Liberación”,  que inspira a dicha revista. 

-Sí, Giussani es realmente un personaje de la  Iglesia del cual tenemos mucho que aprender,  porque en él encontramos un equilibrio poco  común entre la modernidad y la solidez de la  tradición. 

Asimismo su artículo en defensa de la  beatificación de Pío IX recorre muchos espacios  periodísticos fuera de Italia. 

-Es un tema interesante en nuestro país,  porque un prejuicio político impide llevar a cabo  este proceso de beatificación, aun cuando se  cumplen todos los requisitos del caso, incluyendo  la comprobación del milagro. En mi opinión, como  señalo en ese artículo, la preocupación de quienes  mantienen reservas es exagerada, ya que en la actualidad ha desaparecido la confusión de las  primeras décadas posteriores al fin de los Estados  Pontificios entre la figura del Papa como tal y la  imagen del Santo Padre como rey de esos  Estados. Me parece así una preocupación  infundada. Pero es el motivo por el cual está  detenido el proceso de beatificación. En todo  caso, espero que se reinicie, porque se trata de  una figura espléndida; es realmente un santo.  Ciertamente fue el último Papa del poder  temporal y en sus años de gobierno enfrentó enormes dificultades, porque en los Estados  Pontificios necesariamente existía una confusión  entre la política y la religión. Me parece justo  seguir adelante con el proceso de beatificación de  Pío IX, del mismo modo como ocurre con Papas  más recientes, y espero que así suceda.  

Y qué diría del diálogo interreligioso, que 30  Giorni también cultiva bastante. 

Es otro aspecto importante, Con motivo de la  apertura de la mezquita de Roma, hicimos un número extraordinario enteramente en árabe. Es  interesante porque tuvo cierta difusión en los  países de ese mundo. Personalmente he  entrevistado en algunas oportunidades a Khadafi  y Arafat, y no sólo he abordado los aspectos  políticos. En el fondo analizamos éstos en relación  con problemas más generales. 

Tenemos también buenas relaciones con los  patriarcas de Moscú y Belgrado y hemos  publicado algunas entrevistas importantes. Estas  no las hice yo directamente, sino que nuestros  enviados. 

El diálogo intercristiano es muy delicado y  procuramos profundizarlo en cierta medida, de  manera objetiva, no sectaria, lo cual me parece  sumamente útil.  

Desde los tiempos en que usted presidía el  Consejo de Ministros al momento actual, ¿qué factores sensibles de cambio observa en la cultura  predominante en Italia? 

-La situación actual es producto de un  movimiento general de transformación. Con la  caída del muro de Berlín y el fin de la Unión  Soviética, en todo el mundo se procura en cierta  medida cambiar las cosas. Se da la existencia de  una transformación no sólo lógica sino incluso  fisiológica. 

Ahora bien, en lo que respecta a las  repercusiones de este proceso cultural en lo  político, al día de hoy observo aspectos negativos.  En primer lugar, la política exterior ha perdido su  importancia primordial. En la escuela de De  Gasperi, nosotros enfocábamos la política interna  en función de la política exterior, de las  convergencias, divergencias y alianzas. El hecho  de que durante cuarenta años no hubiera sido  posible en ningún momento tener una relación de  colaboración con los comunistas era  precisamente producto del ordenamiento antitético de la política exterior, con una brecha  entre el Este y el Oeste. El segundo aspecto  negativo es el hecho de que prácticamente no se  habla de programas o ideas. Todo es  personalizado. Uno es amigo de Berlusconi, por  poner el caso, o no es amigo de Berlusconi. En  estas condiciones, las personas no se unen ni se  dividen para la realización de ciertos objetivos. Sin  pretender ser dogmático, un error que entre  nosotros agrava esta situación, es la adopción de  una ley electoral mayoritaria en la Cámara, pero  de un carácter mayoritario un poco especial.  ¿Cuál es el resultado de la ley actual? Que se  constituyen mayorías electorales con el fin de  triunfar en las elecciones, pero al no existir  homogeneidad política o programática, la  situación es tremendamente más difícil con  posterioridad a las elecciones, incluso desde el  punto de vista de la gobernabilidad. En la derecha,  por ejemplo, la unión de Alianza Nacional, Forza  Italia y la Liga Lombarda, ciertamente produjo un  buen resultado numérico, pero Bossi, líder de la Liga Lombarda, comenzó a hacer sus críticas el  mismo día de las elecciones, y posteriormente al  cabo de pocos meses, provocó la caída de  Berlusconi. Por otra parte, el Partido Democrático  de Izquierda, sucesor de los comunistas, se había  unido con Rifondazione Comunista, y mientras  Occhetto, el secretario de este movimiento  postcomunista, visitaba la sede de la OTAN y la  City de Londres para demostrar que ellos habían  cambiado completamente en relación con el  pasado, los de Rifondazione Comunista, su aliado,  consideraban necesario salirse de la OTAN. El  desarrollo de la Unión Europea es un tema que  debería ocupar el centro de la atención política en  Italia y tiene plazos importantes. Sin embargo,  rara vez se habla de estos asuntos europeos de  primera importancia, como usted puede  comprobar leyendo nuestros diarios. En 1999,  Europa adoptará la moneda única. Tan sólo los  países que están preparados podrían  incorporarse a este sistema.

Pido excusas si no soy objetivo. Ciertamente  en el pasado tuvimos muchos defectos y hubo una  gran cantidad de omisiones, algunas personas  aprovecharon las circunstancias y tal vez no  controlamos suficientemente las situaciones. No  estoy defendiendo en bloque el pasado y  reconozco los aspectos negativos, pero a mi modo  de ver existía una inspiración política de fondo,  que hoy día no se encuentra.  

Lo cual es expresión en la política de lo mismo  que sucede en otros campos. Luego de  desaparecer las ideologías, parece que se cayó en  un vacío.  

Sí, porque en el campo de la política, por  ejemplo, fue de gran utilidad superar el  ideologismo, que en definitiva se traduce en  fanatismo, pero eso no significa superar las ideas  o el idealismo, dos cosas absolutamente  necesarias en la vida política, que no sólo consiste  en la organización y en los spots publicitarios, sino  también en la búsqueda del sustento de convicciones. Ahora bien, la convicción es de  naturaleza compleja y ciertamente debe  suscitarse con métodos modernos, recurriendo a  instrumentos actuales de propaganda, pero el  producto debe ser necesariamente un conjunto  de ideas y en este sentido nos encontramos  actualmente en niveles bajos. Este es el aspecto  en cierto modo más preocupante, porque existe  el riesgo de que mucha gente pierda interés en la  política. Nosotros siempre teníamos una  participación electoral muy alta, en la actualidad  no es así. En las últimas elecciones parciales en  Nápoles, por ejemplo, sólo menos de la mitad de  los electores, y creo que el hecho se debe a falta  de motivación. Lo actual no depende únicamente  de las personas involucradas en el proceso. Las  personas también son importantes, pero cuando  son portadoras de ideas y programas. De lo  contrario, sólo es posible una política efímera,  pero no una política constructiva. 

Senador, usted se encuentra comprometido  actualmente en dos procesos penales, uno por  connivencia con la mafia, otro por el asesinato del  periodista Mino Pecorelli. ¿Cuál es su estado de  ánimo? 

-Inicialmente, tres años atrás, cuando me  cayó por sorpresa esta doble acusación, la  experiencia fue realmente muy traumatizante  para mí, porque esperaba cualquier cosa menos  eso. Justamente yo había sido el autor de algunas  leyes muy rigurosas contra la mafia, hasta el  punto de que me acusaron de no dar suficientes  garantías y los comunistas junto a Vassalli,  Ministro de Justicia, votaron en contra de mi  primera ley en el Parlamento.  

La acusación en curso es en parte conjunta,  porque proviene de las declaraciones de algunos  mafiosos acogidos a la ley de “arrepentimiento”,  entre ellos Buscetta, que llegó a ser un personaje  importante, y del cual debí ocuparme cuando fui Ministro de Relaciones Exteriores. En esa época él  se encontraba en Brasil y tanto los  norteamericanos como nosotros queríamos  procesarlo, pero en Estados Unidos no lo habían  logrado. Tommaso Buscetta ha dicho muchas  cosas. Por otra parte, esta acusación en relación a  la mafia surgió también de luchas internas entre  los demócrata cristianos, a raíz de lo cual la  votación de la Democracia Cristiana en Sicilia  disminuyó del 40 al 8 por ciento.  

En todo caso esto habría significado un gran  impacto para quien fuera exponente del poder  casi cuarenta años ininterrumpidos. Reconoce  usted en su libro “Cosa Nostra” (Cosa de ellos),  que en la vida hay momentos en que sólo los  grandes ideales impiden un quiebre… 

Sí, esto me sirvió enormemente para superar  la primera etapa, porque realmente pensaba que  no sería capaz de resistir, incluso físicamente. La  religión y la familia fue lo que me ayudó.  Comprendí entonces la religión en mejor forma que nunca. En el pasado, y durante mucho  tiempo, viví siempre sumamente ocupado. Iba a  misa en la mañana, pero al mismo tiempo estaba  preocupado de mirar el reloj, y leía poco porque  tenía mil cosas que hacer. Con posterioridad a  esta tremenda vicisitud, mi vida religiosa ha  adquirido mayor profundidad. Pienso que  durante muchos años todas las cosas se dieron  fácilmente para mí y recibí grandes honores,  incluso a nivel internacional, y tal vez para ganar  el cielo sea necesario tener un poco de viento en  contra. En este sentido, la experiencia ha sido  beneficiosa. Por otra parte, en mi familia y entre  mis hijos –son cuatro y tengo cuatro nietos- se ha  producido una unión más estrecha que nunca. En  este plano veo las cosas con mucha serenidad y yo  diría que este es un gran apoyo. Asimismo gozo  del respeto de las personas y en ninguna época de  mi vida he sido objeto de tantas manifestaciones  de solidaridad, incluso de gente que no conozco.  No ha habido actos en contra mía ni  manifestaciones de desaire, porque al cabo de cincuenta años de vida pública se conoce quién se  es. Uno puede engañar durante uno o dos años,  pero yo he estado medio siglo a la luz pública,  creo que las personas me conocen y no tengo la  sensación de que estas acusaciones influyan en  ellas. 

Por lo demás, es muy difícil llevar adelante  estas acusaciones, porque nada las confirma. Así,  cuando buscaron trampas para hacerme caer resultaron ser inútiles. Es ciertamente un  momento un poco triste para mí, no porque  sienta nostalgia del poder. En el fondo, creo que  si uno escribe un buen artículo y la gente lo lee,  en algunos aspectos se tiene más poder que al ser  autor de una ley. Naturalmente, en la prensa ha aparecido una imagen negativa, incluso a nivel  internacional, porque estas noticias son de interés para la crónica. Sin embargo, también en  ese ámbito las personas me conocen y nadie ha  retrocedido o evadido el contacto conmigo.

Por ejemplo, todos los años he asistido a la  Conferencia de la Pastoral Sanitaria, invitado a  hacer una exposición el último día o para actuar  como moderador. Este año yo había señalado que  yo no quería crear problemas a la Santa Sede y  que por lo tanto no me parecería injusto no ser  invitado. Sin embargo, además de recibir la  invitación presidí la mesa redonda, porque el  Santo Padre fue de una gran bondad conmigo. En  ese aspecto no tengo motivos para lamentarme.  

Pero supongo que sí, como casi todo el  mundo, aspira a que se haga verdadera justicia… 

-Mi preocupación principal es que si el  proceso dura demasiado tiempo, deberé llegar al  fin de mi existencia terrena sin ver reafirmarse la  justicia, lo que por supuesto no me gustaría que  sucediese. 

La conversación fluye hacia diversas  consideraciones que rodean el “caso Andreotti”. 

Así por ejemplo hacia el análisis de Nicola Giuso  publicado en Studi Cattolici, que sitúa los  referidos juicios en coherencia con tentativas  anteriores, que buscaron quebrar a los ojos de la  opinión pública el protagonismo político de los  católicos en el período de la postguerra. El intento  del socialista Lelio Basso en los años 50 y 60, que  postulaba la continuidad del régimen fascista a  través de la DCI; o el de magistrados comunistas  en los años 70, que pretendieron explicar el  control electoral de la DC en el sur de Italia por una supuesta compenetración orgánica de ésta  con los representantes del crimen. ¿Qué piensa al  respecto el ex Presidente del Consejo?  

-En este país se suele recurrir sin medida a los  golpes en la lucha política. Ahora bien, no es  verdad que la Democracia Cristiana haya sido  fuerte porque la apoyara la criminalidad. Nuestra  crisis, por lo demás, surgió a raíz de un cambio  general en el contexto cultural y político, y no por  otros motivos. 

El actual alcalde de Palermo, en su polémica  contra Lima, un diputado demócrata cristiano  amigo mío, asesinado posteriormente, decía  excitado a la gente: “¡Quien tiene votos en estos  barrios de Palermo es un mafioso!” En la  actualidad, él ha obtenido esos votos en dos  oportunidades. ¿Qué significa eso? No creo que  sea mafioso, pero su lucha la daba usando esos  términos. Él es uno de los personajes que más me  ha atacado y sigue haciéndolo con gran fuerza. 

Se trata de un ex demócrata cristiano… 

-Como siempre ocurre, las personas que  abandonan un grupo político o religioso se  convierten en sus adversarios más encarnizados…  Pienso, con todo, que con el tiempo también él  cambiará de opinión.  

Vistas las cosas a distancia, es frecuente que  se produzca una cierta confusión entre siciliano y  mafioso… 

No es justo considerar sinónimo los términos  “siciliano” y “mafioso”. Desde luego una de las características más graves de estos mafiosos, que  no es atribuible a los sicilianos, es su desprecio  por la vida. Recientemente uno de ellos declaró  ser autor de veinte homicidios, y lo hizo con  muchas sangre fría, diciendo “es mi trabajo”,  como si se tratara de un oficio de artesano u  obrero. 

La mafia es un fenómeno histórico de carácter  criminal, que ha adquirido mayor gravedad con el  problema de la droga. La conexión de los sicilianos  y norteamericanos mafiosos con el tráfico  internacional de drogas ha empeorado  considerablemente la situación. La mayor parte  del pueblo siciliano es víctima de la mafia sin  formar parte de ella. Suele ser difícil comprender  debidamente estas circunstancias porque en la  lucha política con frecuencia los adversarios son  acusados de mafiosos. Conocimos el caso más notable inmediatamente después de la guerra:  Vittorio Emanuele Orlando, un personaje mítico  italiano; había sido Presidente durante la Primera  Guerra Mundial y era muy combatido por los comunistas, que lo llamaban mafioso. Por este  motivo, los ministros comunistas no asistieron a  escuchar el discurso pronunciado por Orlando  después de la liberación, evocando la Primera  Guerra Mundial. Esto ocurrió en 1944 o 1945. Sin  embargo, en 1948, nosotros votamos por Einaudi,  elegido Presidente de la República, y los  comunistas votaron por Orlando. En la actualidad  también se emplea este tipo de argumento en la  lucha política cuando no es posible atacar con  otros medios. 

Pero todavía algunos dicen: “Hay una  fotografía”… 

Han buscado en todas partes, gastando muchos millones en esta investigación sobre mi  persona, sin encontrar nada. 

Por lo demás, los Salvo fueron acusados de  mafiosos en 1984, pero en esa época eran  considerados entre las personas importantes del  lugar y todos los frecuentaban. Fíjese que en ese  Hotel Zagarella, propiedad de los Salvo, donde fue tomada la fotografía en 1982, se realizó una gran  convención organizada por la Corte Suprema de  Justicia de Roma, con magistrados de toda Italia.  Por consiguiente, ellos eran bien considerados.  Yo, sin embargo, no los conocía. Y si los hubiera  conocido, lo habría dicho, porque no habría  motivos para ocultarlo. Todo esto, la falta de  pruebas reales, naturalmente que irrita a mis  enemigos… 

¿Es la única fotografía que existe? 

La única (y tomando el documento en la  mano va indicando): Éste es el Presidente de la  región, Pier Santi Mattarella, que después fue  asesinado. Éste era Ruffini, Ministro de Defensa  en ese momento. Y éste era Nino Salvo,  propietario del hotel, lo cual he sabido por  información de los jueces. Éste soy yo.  Probablemente éste es un funcionario de  seguridad. 

La copia que observamos es poco nítida.  Andreotti se explica.

-No tengo otra mejor. Esta mañana tuve que  copiarla de los expedientes del proceso. 

Otras de las hipótesis que se ventilan es la de  quienes afirman que el encausamiento que usted  sufre tendría un alcance internacional. Para  algunos grupos de poder norteamericanos, se  dice, no representando ya la DCI una necesidad  para defender una parte de Europa del  comunismo, y dada la inclinación de sus dirigentes  a favorecer a los países árabes, el proceso en curso  tendría el carácter de una venganza. A ello se  prestarían los “arrepentidos de la mafia”, en su  mayoría residentes hoy en los Estados Unidos. ¿Le  parece esto algo verosímil? 

Tratándose de hipótesis, todas son buenas  mientras no se logre comprobar quién organizó  esta maniobra en mi contra. Creo en efecto que  es una venganza y proviene precisamente del  ambiente de la mafia, porque, como decía, en mi  gobierno de los años 1989 a 1992, y también con  anterioridad, en calidad de Ministro de Relaciones Exteriores, trabajé muchísimo en la lucha contra  las drogas, tanto en el ámbito interno como a  nivel internacional. Por consiguiente, puesto que  indudablemente existe una vinculación entre  nuestra mafia local y la mafia norteamericana,  incluso en lo que se refiere al narcotráfico, ésta es  una de las posibles razones que origina el caso,  además de aquellas provenientes de la política  interna. Ciertamente, que unas y otras se unen y  sus agentes aprovechan la situación. 

-¿Se descarta que usted atribuya  responsabilidad en esta acusación a instancia  vinculadas con autoridades norteamericanas? 

No, no creo que esto provenga directamente  de autoridades norteamericanas. Es verdad que  en general para los norteamericanos es difícil  comprender qué es la Democracia Cristiana,  porque tienen una gran confusión con temas  como el papismo y la religión. Esto es cierto, y es  tan cierto que siempre de parte de ellos ha habido  un gran estímulo a favor de otras fuerzas, sobre todo de los socialistas. Cuando se llegó al acuerdo  con los socialistas, acelerando en cierto modo los  tiempos, el gran impulso fue dado también por los  norteamericanos. En el libro de Schlesinger sobre  los mil días de Kennedy, se mencionan reuniones  realizadas en Roma para acelerar la llamada  “apertura a sinistra”, la colación de  centroizquierda. Pero no creo que esto tenga  relación con mi caso personal… 

Naturalmente que en los servicios nuestros y  de otros países puedan existir personajes con una  política y una acción propias. En ciertas ocasiones  debí tomar medidas muy estrictas con nuestros  servicios a este respecto, y hay personas que  quedaron resentidas conmigo.  

En esos casos no es fácil individualizar. 

-Me sugirieron contratar un investigador en  Estados Unidos, pero es demasiado caro. No soy  pobre, pero tampoco soy rico. Vivo de mí trabajo,  de mis derechos de autor y de la dieta  parlamentaria, pero no podría darme el lujo de contratar un investigador. Con todo, sería útil  comprender la situación, porque ciertamente  algunas de esas personas viven en Estados Unidos  y por lo tanto existe un cierto influjo del ambiente  norteamericano, y tal vez de la mafia de ese país,  que es muy importante en Estados Unidos, y en  alguna oportunidad ha estado ligada al poder. Se  han publicado, por ejemplo, documentos en los  cuales se encargaba a los mafiosos de Florida  realizar acciones perturbadoras en Cuba, y estas  tareas eran encomendadas por cierta agencia  gubernamental. Quizás si alguno de esos servicios  tuvo también participación en este caso. En este  aspecto también espero tener cierta claridad.  

Desde los sectores que políticamente lo  defienden, se esgrime entretanto una crítica muy  seria a su gestión de gobernante por lo que dice  relación a la aprobación del aborto. Si la  necesidad de no entregar el poder a los comunistas lo llevó a firmar dicho decreto y a no  abdicar, ¿no considera hoy, visto en la perspectiva  del tiempo, que la implantación del aborto fue en  sí misma un triunfo rotundo de la cultura  marxista?  

Ciertamente, si yo hubiera podido, habría  entregado el poder para no firmar la ley del  aborto. Con todo, existía el recurso del  referéndum, de manera que si el pueblo lo  hubiese deseado, podría haber anulado la ley.  Pero nuestra derrota en el referéndum fue  superior a la anterior, en el divorcio, lo que es muy  grave. 

¿Por qué en definitiva no abandoné el poder?  El hecho ocurrió precisamente en las semanas  posteriores al terrible incidente de Aldo Moro y  estaba en su apogeo la lucha de las Brigadas Rojas  contra el Estado. Por consiguiente, si se  provocaba una crisis –por lo demás con una  perspectiva difícil, porque si yo no firmaba,  ningún otro demócrata cristiano lo habría hecho- habríamos debido entregar el gobierno en ese  momento –repito- de tremenda lucha con el  terrorismo, superada sólo con posterioridad. Me  encontré así en una situación angustiosa, porque  ciertamente firmar esa ley es una de las cosas que  más me ha costado hacer. Nosotros habíamos  luchado en el Parlamento, votando en contra,  pero los partidos del aborto tenían la mayoría; la  esperanza de que el pueblo anulara la ley en el  referéndum resultó ser vana. Fue una lección muy  importante, que vino a demostrar la necesidad de  evangelización no sólo de los países de las  misiones, sino también entre nosotros.  

Muchas personas elogian hasta hoy la actitud del rey de Bélgica. 

Él se retiró un día y regresó al siguiente. No  quiero desconocer los méritos de su testimonio,  pero el problema aquí fue distinto. Tal vez yo  también podría haber delegado la  responsabilidad al Vicepresidente y desaparecer durante un día, pero hay que tener en cuenta que  la situación general no habría cambiado.  

-Sí, ciertamente, debo reconocer que fue un  mal momento en mi vida política, y si no hubiera  coincidido con el gran ataque de las Brigadas  Rojas contra el Estado, yo no hubiera firmado la  ley y habría abandonado el poder. 

La ideología comunista ha muerto. ¿Cree que  ha muerto la cultura comunista? 

Yo diría que no. En Italia, un sector de  excomunistas o herederos del comunismo han  ingresado a la Internacional Socialista, lo cual  constituye en teoría una gran superación, porque  en otra época la mayor ofensa que podía hacerse  a un comunista era llamarlo “social demócrata”.  Pero me preocupa el resurgimiento de los viejos  comunistas con formas nuevas, como se observa  hoy en términos de la mentalidad de algunas  personas de una tradición laicista, fenómeno concomitante con lo que ocurre en los países del  Este, como Polonia. 

Este fenómeno se traduce en aspectos tales  como la legislación escolar, donde aparecen  obstáculos a los apoyos que regularmente tuvo la  enseñanza privada y por tanto los colegios  católicos. Se juntan aquí las fuerzas provenientes  de una tradición laicista, con la influencia de los  comunistas. 

La superación del fenómeno comunista no es  así un hecho ligado únicamente a un período  histórico, sino sobre todo a una cultura y a una  mentalidad. Espero que con un mayor esfuerzo de  parte nuestra logremos superar ciertas  posiciones. 

Hay quien sostiene, por ejemplo, que el  gramscismo es la cultura dominante hoy en la  escuela italiana. ¿En qué grado es cierto esto? 

-Tal vez sea exagerado que es la cultura  dominante, pero ciertamente las diversas formas  de secularización y laicismo, y la separación entre la religión y la vida pública, son un fenómeno muy  presente y muy vivo hoy. Con todo, esta situación  depende bastante de nosotros, los católicos.  Debemos ser más activos en el estudio y en la  evangelización de la sociedad. La Conferencia  Episcopal, en el reciente Encuentro de Palermo,  ha puesto gran énfasis en la caridad, lo cual es  justo, porque es una cosa importante y tenemos  problemas inmediatos, con los inmigrantes, por  ejemplo, y con otra clase de abandonados. Pero la  caridad, además de ocuparse de los pobres y los  enfermos, también consiste en ayudar al prójimo  en la búsqueda de líneas intelectuales válidas.  Ciertamente, en Italia estábamos acostumbrados  a decir: “puesto que el 99 por ciento del país es  católico, todo el país es católico”. En la realidad no  es así.  

Según se lee en un libro póstumo de Augusto  del Noce, publicado recientemente, al parecer se  han alterado los términos de la restauración  católica propuesta por León XIII. Para este  pontífice –dice Del Noce- el pensamiento católico debía salvar a la democracia de la degeneración a  que se halla expuesta. Al revés, pareciera que para  los cristianos democráticos de hoy el problema  principal ha venido ha venido a ser el educar a los  católicos para la democracia, entendiendo por  democracia un régimen neutral desde el punto de  vista ético y religioso. ¿Está de acuerdo con la  afirmación de Del Noce? 

En parte estoy de acuerdo. La discusión en  torno a la existencia de una religión del Estado ha  sido superada por nosotros en cuanto no existe la  religión del Estado sino la religión de los italianos  y algunas la profesan y otros no. Por consiguiente,  en algunos aspectos Del Noce tiene razón desde  el punto de vista conceptual. Pero se trata de una  tarea educativa que debemos llevar a cabo y no  podemos pretender decir que quien no tiene  estas raíces no es democrático. El riesgo evidente  del pluralismo es convertirse en indiferentismo,  pero es un gran problema de educación, de  formación del cual debemos hacernos cargo. A los católicos en cuanto tales nos corresponde  ocuparnos de esta tarea. 

Aquí hay una especie de situación nueva, que  se presenta respecto de los orígenes de la  democracia, incluso como Tocqueville la ve: en los  orígenes de la democracia americana por lo  menos había un cierto consenso protestante  básico respecto de ciertos puntos, que la cultura  en su evolución, desde el siglo pasado, ahora ha  erosionado. Entonces, desapareciendo ese  consenso cultural básico, resulta que la  democracia queda al fin expuesta a una  contradicción consigo misma. 

-Es verdad. Cuando De Gasperi estuvo por  primera vez en Estados Unidos, en su exposición  al regreso señaló que nada lo había impresionado  tanto como la inscripción del monumento al  soldado desconocido: “Desconocido para todos,  menos para Dios”. Por otra parte, en ciertos aspectos, el pluralismo religioso de los Estados  Unidos ha conservado algunas cosas, como por  ejemplo la oración antes de las comidas. Existían  raíces substancialmente cristianas, que tal vez son  conservadas precisamente por la competencia  entre católicos y protestantes. Es un asunto  importante, pues se necesita un consenso moral.  La ética debe unirnos. Y también existe una ética  natural, por supuesto, es necesario reconocer  esto. 

El problema justamente de la democracia  parece ser la erosión de estos fundamentos  naturales, que deberían tener una proyección  dentro del orden jurídico.  

-Naturalmente, porque si se llega a un  indiferentismo en las raíces de carácter moral,  incluso en la moral natural, considerándolas  ajenas a la vida normal, tenemos un concepto de  libertad desenfrenada, sin límites, lo cual arroja a  una absoluta contradicción.

En mi opinión, actualmente es posible  recuperar ciertas posiciones con el apoyo de la  ciencia. Por ejemplo, la ciencia ahora reconoce  que el hombre es una persona desde el momento  de la concepción y no a partir del nacimiento, es  decir, es un sujeto y no un trozo de carne de la  madre del cual ella puede disponer a su antojo. La  ciencia actual demuestra que al cabo de pocas  semanas la criatura es un ser vivo ligado a la  madre. Sobre esa base es posible revisar la ley de  aborto. Se necesita tiempo, pero es posible,  porque en el fondo nadie tiene derecho a asesinar  a una persona. Si quien da muerte a una criatura  después del nacimiento es un asesino, ¿por qué  no lo será aquel que lo hace cuando el ser está  vivo, pero dentro del seno de la madre? Existe una  relación entre la fe, la moral y la ciencia que en lo  sucesivo puede contribuir a esta recuperación.  

Cierto. Aunque también hay que contar con  cierto consenso cultural y religioso, por lo menos  en aquellas naciones que en su historia han  logrado construirlo. Es, por ejemplo, el caso de Italia. No obstante que en Palermo, hablando a la  Iglesia italiana el Papa ha dicho que esta nación,  que ha recibido un insigne y especialísimo legado  de fe, se ve afectada desde hace tiempo, pero  especialmente hoy, por corrientes culturales que  ponen en peligro el fundamento de esta herencia  cristiana. 

Eso ocurre en todas partes. En el fondo  estamos viviendo con efecto retardado el  Iluminismo y la Revolución Francesa. Sin  embargo, en este aspecto no soy pesimista en  cuanto al futuro, porque en relación con la vida – repito- la ciencia se está acercando a una posición  cultural justa. Afortunadamente, en la actualidad,  al parecer ha dejado de existir el prejuicio básico  de acuerdo con el cual el hombre de ciencia, salvo  excepciones, no era religioso y consideraba la  religión un hecho obscurantista. 

En sentido inverso, está presente sin embargo  la confluencia de los medios de comunicación,  que normalmente genera grupos del llamado capitalismo puro. Estos grupos tienen aversión  por la Iglesia y el Papa, y cuando él habla de  economía social de mercado, el adjetivo “social”  les produce fastidio. Quisieran, asimismo, que sin  más autorizara el uso de anticonceptivos y  aprobara el sacerdocio femenino. Producen una  gran confusión, y en el fondo son éstas las formas  de un anticlericalismo moderno, más refinado. 

Efectivamente. Ahora bien, ¿qué  responsabilidad reconoce en general a la gestión  demócrata cristiana de la postguerra, que fue tan  larga en Italia, en la tan amplia expansión aquí de  la cultura secularista, que por otra parte  constituye hoy el núcleo animador del  neocomunismo? 

Nosotros contamos siempre con un amplio  consenso popular, pero con respecto a los centros  de poder financiero y editorial siempre fuimos  casi marginales. A pesar de que nuestros adversarios decían que queríamos totalizarlo  todo, eso no fue verdad y tuvimos respeto. Por su  parte, hay que tener presente que en 1948,  cuando obtuvimos mayoría absoluta, fue una  mayoría de votos de un pueblo que no quería caer  en la dictadura comunista, y no una mayoría de  los diversos componentes, tales como los  periódicos o los bancos.  

Asimismo, se conservó y se conserva todavía  muy viva en Italia una vieja tradición, que  proviene del Risorgimento, de carácter laicista,  que arranca de la oposición a los Estados  Pontificios. Todo eso pesó en gran medida y pesa  hasta ahora. Italia tiene raíces históricas  especiales y sin duda complejas.