ENTREVISTAS
Cesare Cavalleri

Un modelo neoburgués: para la cultura, el periodismo y la política

Economista y profesor de estadística en una Facultad italiana, Cesare Cavalleri se dedica desde hace años casi exclusivamente al periodismo. Columnista habitual del diario Avvenire, es asimismo director del prestigioso mensuario Studi Cattolici, donde se publican a menudo trabajos de intelectuales de primera línea en Italia y Europa. 

Casi al terminar el año pasado, un dossier preparado por 25 figuras de la vida intelectual, académica y periodística de la Península y editado en el mensuario que dirige Cavalleri dio largamente que hablar, no sólo en su país. Se trató de un verdadero estudio sobre el contorno cultural que inspira cierto periodismo representado en Italia por el diario romano La Repúbblica que dirige hasta hoy Eugenio Scalfari (dicho rotativo pertenece desde abril de 1989 al Grupo Benedetti), y las proyecciones políticas y sociales que del mismo se desprenden.

El “scalfarismo”, denunciaba Cavalleri en la introducción del dossier, atraviesa hoy diversos partidos, se plantea como un “superpartido”, como un lobby. Presentándose como proyecto cultural, es en realidad una acción de movilización y presión sobre la opinión pública, destinada a imponerle un modelo que los autores califican de neoburgués. El modelo neoburgués, añaden, implica una reflexión sobre la modernidad, se define por una sustancial ausencia de valores, por su tendencia al nihilismo, y se resuelve en una dimensión lúdica y de racionalización del hedonismo: “una inédita lucha prácticamente de clase conducida en el plano de los valores”, como señalara un comentarista. En el plano de lo específico económico, entre tanto, habiendo defendido la extensión del libre mercado, la acción de este segmento se encuentra vinculada a los sectores financieros más que a la industria.

En su oficina ubicada en un barrio céntrico de Milán, así transcurre nuestra conversación con Cesare Cavalleri. La importancia y actualidad del tema no se circunscribe a Italia:

-El diario italiano “La Repúbblica”, dirigido por Eugenio Scalfari, ha llamado la atención de un importante número de filósofos de la política. Se trata, dicen, de un modelo de periodismo que se presenta como proyecto cultural, y presiona en realidad por un modelo político. ¿En qué consiste ese modelo? ¿Trátase de un proyecto inmediato o más bien de algo así como un estilo de ser?

-Es difícil distinguir las causas de los efectos en estos argumentos, en el sentido de que no es posible comprender si realmente el fenómeno “Repúbblica” es producto de la situación italiana, del estado actual de la sociedad italiana, con su crisis de secularización, verificada en otras ocasiones, especialmente en dos referéndums –uno en 1974 sobre el divorcio y otro en 1982 sobre el aborto donde hubo mayoría a favor del divorcio y del aborto-, lo cual indica que la sociedad italiana, por una serie de factores, se mueve sobre un determinado riel, situación que se capta en diarios como La Repúbblica”. En cierto modo, La Repúbblica responde a una evidente necesidad de un tipo de periodismo. Por otra parte, sin embargo, puede afirmarse ciertamente que La Repúbblica va más allá de ese requerimiento y habiendo detectado una necesidad, la satisface por sobre sí misma, es decir, supera lo requerido. Por ello el fenómeno es complejo, ya que no se distingue bien si la aceleración es generada por el tipo de periodismo que se ejercita o si éste evoluciona en armonía con las transformaciones sociales.

Tal vez convenga esbozar un análisis, en sí mismo bastante complejo, del origen del fenómeno. A partir de la tradición de la unificación del siglo XIX, en Italia siempre ha habido una veta de pensamiento laicista, filomasónico y claramente anticatólico, que en época más reciente, después de la Segunda Guerra Mundial, en los primeros años de la posguerra, dio origen a un partido político, el Partido de Acción. Era éste un partido político que canalizaba a los otros con esta corriente de pensamiento. Se vio que como partido no tenía destino y se disolvió muy pronto, confluyendo básicamente en el Partido Radical y en parte en el actual Partido Socialista; pero como corriente de pensamiento penetró transversalmente un poco en todos los partidos y en todos los estratos sociales italianos. Es una veta que se encuentra presente y se ha concretado precisamente en la actividad de Scalfari, primero como director del Espresso, un semanario, y luego como director de La Repúbblica cuando se creó esta publicación. Hay que decir también que La Repúbblica alcanzó su punto máximo en la difusión el año pasado, llegando a ser el periódico de mayor circulación, como literatura, en Italia, superando incluso al Corriere della Sera, de Milán. Últimamente, sin embargo, el Corriere della Sera recuperó el primer lugar. Además, la relación que se había establecido entre Scalfari y el secretario de la Democracia Cristiana, De Mita, parece haberse aflojado desde el momento en que De Mita ya no desempeña esa función.

-De Mita, ¿qué representa dentro de la Democracia Cristiana? ¿Es más bien la línea secularizante?

-Sí, pero no explícitamente, por supuesto, porque De Mita es católico; pero es una forma de entender la política y el partido de inspiración cristiana distinta a la de otros exponentes de la Democracia Cristiana misma. En realidad, la actitud de De Mita apunta hacia posiciones tecnocráticas, con lo cual se debilita la función del partido como ideología; cosa en sí normal si va unida a un reforzamiento, a una circulación de las ideas de inspiración cristiana en la sociedad, puesto que los valores no han de ser promovidos inicialmente por los partidos, sino que deben circular desde la sociedad a través de otros medios, de otros grupos, de otras iniciativas.

-Parece, por su descripción, que esto que llaman “scalfarismo” o “modelo neoburgués” no se limita a “La Repúbblica”, diario editado en Roma, sino que abarcaría también, como fenómeno cultural, otros diarios y revistas en Italia y en el extranjero. ¿Cuáles señalaría usted en esta misa dirección? ¿Por ejemplo, “El País” de Madrid?

-Sí; sin ir más lejos, El País se parece mucho a La Repúbblica, incluso desde el punto de vista gráfico. En general los diarios portadores de esta ideología que apunto se encarnan en los partidos socialistas, sea en Francia, España o Alemania. Es ese tipo de forma de pensamiento la que predomina, lo que más bien representa una actitud política que un fenómeno propiamente periodístico.

-¿Por qué hablan de modelo neoburgués?

-Es una manera de decir, es la revancha de la burguesía. La burguesía, por lo menos en Italia, siempre había quedado al margen de los fenómenos sociales, cuyas luchas se habían dado más bien en la gran industria que en las élites intelectuales. En este momento, esa burguesía toma la delantera precisamente a raíz de la expansión de un cierto bienestar y de la caída de todo tipo de ideales. El burgués, o más bien el neoburgués, todo lo reduce a una ideología de tipo consumista, hedonista, sin plantearse otras interrogantes, y además con la pretensión de estar en la vanguardia y ser portador de nuevos estilos de vida, que en realidad no lo son, porque son muy antiguos. Al renunciar a plantearse interrogantes sobre los valores, termina trastrocando esos valores en sí mismos.

-En tal sentido, ¿a qué sector del mundo económico se vincula más a este fenómeno periodístico cultural llamado “scalfarismo”? ¿A los pobres o a los ricos? ¿Al proletariado, a la industria, a la banca?

-Se vincula a la burguesía, es decir, a estratos de ingresos medios altos y sobre todo a los nuevos estratos sociales que son producto de las categorías de empleados de alto nivel, los ambientes de la Bolsa, los ambientes de las profesiones libres y todo el nuevo grupo de ejecutivos, los nuevos técnicos, los nuevos funcionarios de la industria y la banca. Se trata, pues, de la nueva clase tecnocrática que se está formando en el país.

-Ortega y Gasset, que previno con lucidez sobre el advenimiento del hombre masa, advirtió también sobre los excesos de la mentalidad tecnológica. La mezcla de racionalismo y nihilismo que supone ese modelo neoburgués del “scalfarismo”, ¿tiene algo que ver con lo señalado por Ortega?

-Sí y no, en el sentido que Ortega y Gasset ilustró y prefiguró el fenómeno de masificación de la sociedad, pero aquí tenemos algo ligeramente distinto, es decir, nos encontramos siempre en un campo subjetivamente elitista, donde se están formando nuevas élites, pero éstas son muy homogéneas entre sí y, por consiguiente, masificadas entre sí. Se consideran en realidad subjetivamente como élites, pero en la práctica son en verdad portadoras de una nueva forma de conformismo. Hay un pensamiento predominante en el sentido de que creen estar en la vanguardia, con el aborto, con la eutanasia y el consumismo, pero en realidad están en la retaguardia, porque están en contra del hombre y carecen de un fundamento rigurosamente racional. En nombre de la racionalidad, actúan en forma completamente irracional, movidos por emociones momentáneas.

-El “scalfarismo” o modelo neoburgués se presenta como una reflexión acerca de la modernidad. ¿Qué juicio se hace desde esa perspectiva, de la crisis secularista que vive la Democracia Cristiana, según lo que ha denunciado, por ejemplo, el Movimiento Popular de Rocco Buttiglione? ¿Y qué juicio se hace, a su vez, de la crisis antiutopista que vive el PCI, como se ha visto, por ejemplo, recientemente, cuando los comunistas italianos han discutido a fondo sobre su identidad partidaria?

-El juicio sobre la modernidad es necesariamente complejo, ya que en la modernidad coexisten algunos aspectos válidos y otros menos válidos. De hecho, nosotros tenemos que convivir con la modernidad. No es posible establecer hipotéticamente ningún tipo de retorno a situaciones anteriores premodernas y no cabe, por lo tanto, la nostalgia por una nueva cristiandad al estilo medieval, sino que es necesario convivir con la modernidad. Lo delicado del asunto está en la forma de controlar la modernidad para orientarla hacia un fin positivo, a favor y no contra el hombre. Por consiguiente, la capacidad de dirigir la modernidad depende de la concepción del hombre que se tenga. Hoy por hoy, ciertamente, se requiere armarse de valor para decirle algunos “no” a la modernidad, a algunos aspectos de la modernidad. Así, la crisis energética o la amenaza de eco-catástrofe constituyen llamados bastante explícitos en un sentido antimoderno, aun cuando no deben entenderse en sentido regresivo. La dificultad estriba precisamente en esto, en encontrar la forma de controlar la modernidad. El modelo neoburgués asume lo moderno acríticamente. Quien parta de otras posiciones –concretamente posiciones antisecularistas y por tanto cristianas, al menos de fondo- no puede sino asumir una actitud crítica, aunque no prejuiciosa en contra de la modernidad.

-Pero, más precisamente, ¿cómo se plantea el modelo neoburgués frente a la crisis secularista de la Democracia Cristiana y a la antiutopista del PCI?

-Las relaciones entre Scalfari y el Partido Socialista son muy peculiares, ya que él fue inicialmente socialista, incluso fue diputado por el Partido Socialista. Luego peleó con Craxi y actualmente son enemigos acérrimos, aun cuando eso se deba más bien a motivos personales y no tanto a lo sustancial del discurso de cada uno de ellos, ya que en el fondo desean exactamente lo mismo, es decir, quieren incentivar este proceso de secularización que se da en la sociedad. Por otra parte, el acercamiento de Scalfari a la Democracia Cristiana a través del honorable De Mita tuvo probablemente como objetivo acelerar el proceso de secularización en el interior de la Democracia Cristiana. Scalfari habría sido algo así como el fiel de la balanza, encargado de llevar hacia el laicismo a las masas católicas, por una parte, y por otra a los comunistas que han dejado de ser marxistas, ya que el fenómeno de revisión en el seno del Partido Comunista es también un fenómeno muy interesante.

En este sentido, la fotografía que pusimos en la cubierta de nuestro dossier es muy decidora, ya que se ve a Scalfari entre De Mita y Berlinguer, en aquel entonces Secretario General del Partido Comunista. La foto se tomó durante un debate en la televisión. Se trata de llegar a una nueva síntesis social, con la mediación de la opinión pública, para provocar esta gran conciliación. Los hechos están desmintiendo este proyecto, más que nada porque en Italia -y creo que también en otras partes- nadie está en condiciones de poder controlar personalmente fenómenos tan complejos y de tanto alcance, ya que el poder es muy difuso y no existe una capacidad de síntesis a este nivel. Además, se está produciendo concretamente un redescubrimiento y un retorno a los valores cristianos, en parte gracias a la acción de Juan Pablo II. Por todo esto, cada vez se ven más claramente los límites de esta sociedad secularizada, de esta carencia de sentido en las personas, que no se satisfacen con un mayor consumo ni con vivir los excesos de una libertad desenfrenada y desorientada. Así, se está abriendo un campo para el redescubrimiento de los ideales, sobre todo entre los jóvenes.

-¿Qué relación ve usted entre el modelo neoburgués y “scalfarista”, por un lado, y Gramsci por el otro? 

-Hay bastante analogía, en cuanto que Gramsci teorizó sobre la conquista del poder no directamente mediante la acción política sino a través de la cultura, es decir, una conquista de posiciones culturales en el área escolar, periodística y de la cultura general. La estrategia del “scalfarismo” neoburgués es gramsciana. Los objetivos son diferentes porque Gramsci quería una sociedad marxista y Scalfari no es marxista, y su fin es una sociedad laicista pero no marxista, ciertamente.

-Dado este cuadro de radical secularismo que, como síntesis de todo un proceso de modernidad, este modelo neoburgués busca materializar, ¿dónde se resuelve para él el sentido de la esperanza que todo hombre lleva en sí mismo? Esto lo digo un poco porque por ahí leí algo respecto del predominio de lo lúdico en este cuadro.

-En realidad, el fondo es nihilista y no cabe la esperanza. Sólo existe una competencia exasperada y una búsqueda de inmediata satisfacción hedonista de carácter personal, junto a una actitud lúdica en el sentido de no tomar nada en serio, ni siquiera a uno mismo. Esto es lo más ostensible como nihilismo, porque evidentemente no hay otra respuesta.

-¿Usted ve alguna relación entre el contexto cultural de este fenómeno neoburgués y aquello que hoy representa en Italia y en Europa el fenómeno Eco?

-Umberto Eco no proviene directamente de estas posiciones, aun cuando, por ejemplo, colabora regularmente con el Espresso y ciertamente tiene simpatizantes en estos ambientes. Obviamente, Eco es más inteligente y tiene una cultura de la cual, con seguridad, Scalfari carece. Eco no es fácil de clasificar, ya que él sí tiene una actitud lúdica con la vida, por lo cual es uno, ninguno y cien mil, en el sentido pirandelliano. Así como ha escrito un libro tremendamente anticatólico y profundamente nihilista, como es “El nombre de la rosa”, ahora, con su nuevo libro, “El péndulo de Foucault”, se aproxima a supuestos realistas prácticamente compatibles con el pensamiento cristiano. Pero esto tampoco significa nada, porque la próxima vez quizás escribirá un libro en sentido totalmente opuesto. 

Retomando el hilo de lo conversado, diría en suma que el fenómeno Eco es más amplio, el modelo Eco puede incluir al modelo neoburgués, pero es más amplio y no es susceptible de una inmediata superposición. Tal vez el modelo neoburgués se encuentra dentro del fenómeno Eco, pero éste incluye, asimismo, muchas cosas más.

-Para terminar, ¿en qué medida la fuerza de la acción valórica o contravalórica –llámese como quiera- que despliega el “scalfarsimo” o modelo neoburgués, encuentra su campo de acción en la pérdida de identidad de los cristianos respecto de los valores del cristianismo?

-Este es precisamente el punto. Es evidente que el verdadero antagonista del modelo neoburgués es el pensamiento cristiano. Y hay que decir que el modelo neoburgués ha tenido tanto espacio justamente porque los cristianos le dejaron campo libre. En la medida que los cristianos tengan cada vez más conciencia de su identidad y trabajen para hacer presente su ideal en la sociedad, automáticamente el modelo neoburgués verá reducirse su campo de acción. Ha habido un consentimiento, una complicidad de parte de los cristianos en una actitud dimisoria. Y esto explica precisamente la indebida difusión del modelo neobugués, que es, en el fondo, un tigre de papel y es muy fácil de enrollar.