ENTREVISTAS
Viktor Frankl

El mensaje de la logoterapia

Haciendo honor a una de las más importantes tradiciones culturales de la capital austríaca -que desde Freud ha estado siempre en el centro del discurrir de la psiquiatría-, allí alumbra hoy el saber de Viktor Frankl, nacido en esa misma ciudad el año 1905, fundador de la tercera escuela vienesa de psicoterapia, la logoterapia, que ha supuesto una profunda transformación en la psiquiatría moderna.

Formado en el clima psicoanalítico impreso por su antecesor Sigmund Freud y luego por Adler, Frankl creará a través de su experiencia clínica, enriquecida por su propia experiencia humana, una visión crítica del psicoanálisis. Esta adquiriría luego el carácter de un planteamiento filosófico. Para Frankl, “el hombre es un ser que no está dominado por su instinto de placer (Lustprinzip de Freud), ni por su voluntad de hacerse valer (Geltungsstreben de Adler), sino dirigido por una voluntad de significado (Wille zum Sinn), es decir, por la necesidad de encontrar un sentido a su propia vida”, explica Torrelló, un entendido en la psiquiatría vienés que nos ocupa. El hombre, para Frankl, encuentra el sentido de su vida fuera de él mismo, trascendiendo, y este significado puede también ser particularmente rico en quien sufre, afirma. Frankl mismo pudo constatar esta realidad durante su encierro en Auschwitz y Dachau.

Su “curación por la palabra” (Logoterapia) es en cuanto método terapéutico el resultado de su concepción espiritualista del hombre. Muchas neurosis, opina Frankl, proviene de la pérdida de sentido de la vida, y con la terapia de la palabra se trata de reconducir al paciente al reino de los valores objetivos.

Su obra es abundantísima, siendo su libro más conocido “Man’s search of meaning”, del cual sólo en EE.UU. han sido vendidos más de tres millones de ejemplares. En este país, Frankl es catedrático en la Universidad de San Diego, donde en 1971 fundara el «Logotherapy Institute”.

Requerido por múltiples centros universitarios en todo el mundo, Frankl viaja muy a menudo, pero es en la capital austríaca, donde reside habitualmente y donde dirige la sección neurológica del Policlínico de Viena, en que tiene lugar nuestro encuentro.

-Usted se ha interesado desde hace muchos años en la historia de las ideas. ¿Podría decir cuáles son las corrientes filosóficas que más influyeron, a su juicio, en Sigmund Freud?

-Es bien sabido que Sigmund Freud y su psicoanálisis fueron hijos de su siglo, del siglo XIX, por lo cual es comprensible que Freud haya estado muy imbuido de un concepto mecanicista del hombre, que se refleja en su concepto psicodinámico de la actividad psicológica. Y por supuesto que éste no es mi propio punto de vista, pues soy deudor en gran medida de Max Scheler, Karl Jaspers y Martin Heidegger. 

-¿Usted llegó a conocer personalmente a Sigmund Freud?

-Sí. Pero en relación a su concepto del hombre nada me reveló, pues se trató solamente de una breve reunión. Yo era un estudiante secundario de 16 a 18 años y manteníamos correspondencia permanente con él y en una de mis cartas yo incluí un breve manuscrito de sólo dos páginas. Tuve una gran sorpresa cuando en su carta siguiente, en su respuesta me anunció que iba a enviar mi manuscrito a la Revista Internacional de Psicoanálisis, en la cual fue publicado en 1924.

-Su postura psicoterapéutica, al estar muy vinculada al tema de los valores, ¿no corre el riesgo de llevar al médico a imponer sus propios valores al paciente? ¿Es este riesgo común a otras escuelas?

-Usted tiene razón al suponer que la logoterapia está centrada y enfocada en torno a valores o mejor dicho en el significado o sentido de la vida.

La logoterapia puede definirse como una psicoterapia centrada en el significado. Pero no hay sistema terapéutico que carezca de valores. Lo que sucede es que no son explícitos.

Muchos han reconocido que la logoterapia es la única escuela psicoterapéutica que se refiere explícitamente a los valores, declarando abiertamente cuáles son los valores a los cuales se adhiere. Hay todo un sistema axiológico que en la logoterapia habla de valores creadores, de valores de la experiencia y de valores de la actitud, de modo que somos muy explícitos. Pero no imponemos ningún valor al paciente. Por el contrario, queremos estimularlo hacia un sentido de responsabilidad total. Él debe encontrar sus propios valores. Tiene que establecer su propio sistema de valores y encontrar su propio sentido en la vida, no cualquiera que se le imponga. No le imponemos a nadie que encuentre algún sentido en la vida, no somos predicadores, somos psicoterapeutas, somos psiquiatras, somos psicólogos y estimulamos a las personas para que tomen conciencia de su responsabilidad total. Es esta responsabilidad la que les permitirá establecer su propio sistema de valores y tomar conciencia de su propio significado en la vida.

-En su obra “La idea psicológica del hombre”, usted expresa un principio que suena a paradoja: cuanto más uno se esfuerza en buscar el placer, tanto más se aleja del mismo. ¿Podría desarrollarlo?

-Como lo he señalado a través de varias décadas en mis obras, la veracidad de esta afirmación queda en evidencia por los casos de impotencia y frigidez sexual. Yo puede demostrar, en efecto, que más o menos en el 95 por ciento de los casos, la impotencia y la frigidez se deben al intento mismo de procurarse un placer, de llegar al orgasmo, de demostrar que se es potente o de probarse a sí mismo que se es totalmente capaz de tener un orgasmo. Esta intención de obtener placer sexual está condenada al fracaso. Esa es precisamente la razón por la cual las personas son impotentes y las pacientes femeninas sufren de frigidez. Es por su esfuerzo por obtener placer en un orgasmo.

-Con alguna frecuencia se vincula el sentido de la vida a la llamada autorrealización. Usted plantea en sus obras una idea diferente: que el hombre logra su plenitud yendo más allá de sí mismo, trascendiendo. ¿No es esto contradictorio?

-No es contradictorio. Pero la afirmación de que el hombre debe esforzarse por su autorrealización es un grave error, por no decir que es un concepto narcisista. En sus diarios personales, Abraham Maslow –que creó el concepto de autorrealización- confesó que yo logré convencerlo de que la autorrealización no es la meta del esfuerzo humano. Y no puede serla, pues mientras mayor es nuestro intento por realizarnos, menores son nuestras posibilidades, porque la autorrealización sólo puede obtenerse por rodeo en torno al mundo, a través de nuestra dedicación a una causa superior a nosotros mismos o a una persona diferente de nosotros mismos. Podemos alcanzar la autorrealización como efecto secundario, como resultante, pero no como meta. Mientras más nos dirigimos hacia este objetivo, menos lo conseguimos y más lo perdemos.

-¿Qué sentido puede tener la vida humana en aquellas situaciones límites –el dolor, la enfermedad- en que muchos piensan que no merece ser vivida?

-Es precisamente el mensaje de la logoterapia: que la vida, en contraste con el tan difundido sentimiento de falta de sentido, es realmente infinitamente rica en posibilidades de significado, ya que es posible encontrar un sentido en la vida no sólo creando una obra, no sólo vivenciando una experiencia de algo o un encuentro con alguien, con un ser amado, sino también, si es necesario, enfrentándose con un destino inmutable, como ser una enfermedad incurable, tal como un cáncer inoperable o cualquier tipo de conflicto grave. En esos casos, incluso en esos casos, puede encontrarse y obtenerse un sentido en la vida mediante el cambio de la propia actitud. Si bien es posible que una situación no pueda alterarse, siempre es posible cambiar la actitud en relación con esa situación inalterable. Esta es la última y definitiva oportunidad de realizar una escala de valores y obtener un sentido en la vida, incluso frente a un sufrimiento inevitable. 

Esto no implica que uno debe [deba] soportar una situación cuya causa puede ser eliminada. Es decir, si es posible extirpar el cáncer, hay que someterse a la cirugía. Si se puede eliminar una psicosis con medicamentos, hay que someterse a un tratamiento farmacológico. Y si uno es víctima de una determinada condición sociológica, se puede recurrir justificadamente a la acción política. Pero cuando es imposible eliminar la causa del sufrimiento, todo depende de la propia actitud, y en ese caso existe la oportunidad de ser testigo de la capacidad únicamente humana de transformar una tragedia personal en un triunfo personal.

He dado algunos ejemplos. Usted recordará que mi convicción de la desesperación es el sufrimiento sin sentido. Si se encuentra un sentido en el sufrimiento, entonces deja de existir la desesperación. Se sigue sufriendo, pero con sentido, con una para qué, por alguien y en este caso el dolor deja de ser desesperación.

-Su insistencia en el sentido de la vida como un problema fundamental de la existencia, ¿deriva más de la influencia de determinados filósofos que de su experiencia médica?

-Pueden existir problemas filosóficos, pero soy doctor en medicina en primer término. Usted puede considerar que éstas son interrogantes filosóficas, pero ellas son planteadas y propuestas al psiquiatra en sus horas de consulta. Son los pacientes los que están planteando la interrogante del sentido de la vida. Hay pacientes que están muriendo, porque no pueden verle un sentido a la vida. Esto no es un invento, nosotros no arrojamos nuestros sistemas filosóficos sobre nuestros pacientes, ellos nos están haciendo estas preguntas en situaciones de límite, en el sentido que emplea Karl Jaspers. 

Por ejemplo, se sabe muy bien que a través del mundo y a lo largo de la historia, en los campos de prisioneros de guerra, aquellos con más posibilidades de sobrevivir eran los que tenían una perspectiva de sentido por desarrollar en el futuro.

Ahora bien, esto no es algo teórico: es práctica concreta. En los campos de concentración –fue una lección que pude aprender en Auschwitz-, en las mismas circunstancias, los prisioneros que tenían la perspectiva de realizar una tarea en el futuro, ya fuera política o personal, o de volver a reunirse con una persona amada, tenían las mejores posibilidades de sobrevivir. Hubo millones que tuvieron que morir a pesar de estar orientados hacia un significado en la vida, pero las personas que estaban realmente orientadas hacia ese significado por realizar tenían comparativamente las mejores posibilidades de sobrevivir.

Conozco la literatura psiquiátrica referente a los prisioneros de guerra en Japón, en Corea del Norte, en Vietnam del norte y otros lugares. La conclusión, la conclusión absolutamente idéntica de todos esos estudios de psiquiatría fue que, al vislumbrar un significado por realizar en el futuro o la posibilidad de reunirse con seres amados después de la liberación, era lo que sostenía a la gente y por ello han resistido, han sido capaces de sobrevivir.

Todos éstos son asuntos reales y prácticos, que se reflejan en diversos sistemas filosóficos y creencias.

Por lo tanto, éste no es un problema de filosofía, sino que algo que nos plantean diariamente nuestros pacientes en las clínicas psiquiátricas y en nuestras horas de consulta.

-A diferencia de la generación del 68, en muchos países los jóvenes actuales parecen valorar más el estudio y la seriedad en el trabajo profesional. Sin embargo, en estos últimos se observa una gran diferencia entre la dedicación con que enfrentan su vida académica o profesional y la anarquía absoluta que envuelve a muchos durante el fin de semana, expresada especialmente en el recurso a la droga, al alcohol y al sexo. ¿A qué atribuir este fenómeno?

-Se sabe muy bien, de acuerdo con datos proporcionados por la investigación mundial, probados empírica y estadísticamente, que tanto la drogadicción y el comportamiento violento, como la depresión y las sorprendentes tasas de suicidio, especialmente entre la gente joven, provienen de la sensación de falta de sentido en la vida y de lo que yo llamo el vacío existencial. Esto se observa especialmente en la generación joven. Ahora bien, en cuanto a las diferencias entre una generación y otra, yo no soy en ningún caso un experto. Lo único que puedo juzgar, desde mi posición de observador, es el hecho de que cada vez, más que en años o décadas anteriores, la generación joven tiene interés y se siente atraída por las enseñanzas logoterapéuticas a raíz de su evidente búsqueda de un sentido. Se han vendido tres millones de ejemplares de mi libro “El hombre en busca de sentido” sólo en los Estados Unidos. Este libro tiene un título que puede aplicarse especialmente a la generación joven, ya que son sus integrantes los que están buscando un sentido en la vida. Lo anterior queda demostrado por el hecho de que todos los lugares del mundo a donde yo viajo, tanto en Latinoamérica con en Norteamérica o la Universidad de Moscú en la Unión Soviética, la Universidad de Lublin en Polonia o la Academia de Ciencias de Budapest en Hungría, en todas partes la audiencia está constituida por gente joven.   

-¿Y observa usted alguna diferencia en la percepción o el interés entre los jóvenes de Occidente y los de Oriente?

-No. Es exactamente la misma búsqueda de sentido y el mismo fenómeno de falta de significado, de vacío existencial. Como lo dije en mi presentación reciente en París, es un fenómeno mundial, que se observa en Moscú, en Polonia y en Budapest, al igual que en Nueva York, Los Ángeles, Caracas, Buenos Aires o Río de Janeiro.

-¿Y en Santiago?

-A mí me llegan cartas de psiquiatras de Santiago de Chile que lo confirman. 

Y tomando la palabra con énfasis, como respondiendo a una pregunta propia, añade Frankl a renglón seguido:

-Como muy bien dice siempre mi mujer –ella cordialmente nos acompaña en la entrevista-, es importante señalar el hecho de que existe un sistema educativo excesivamente indulgente. Los profesores y los padres de familia no se atreven a enfrentar a la gente joven con ningún tipo de ideas orientadoras, porque temen que puedan producirse tensiones en sus sistemas psicológicos. Sin embargo, esta especie de tensión entre la realidad y el estado ideal de las cosas, es exactamente lo que la gente joven necesita. Los jóvenes necesitan esa tensión entre lo que las cosas son y lo que deberían ser, porque esto les da fuerza, les proporciona el vislumbrar una potencialidad susceptible de transformarse en una realidad. Si uno evita que la gente joven se enfrente con ideales, por supuesto que con esta excesiva indulgencia los jóvenes se ven sumidos en el vacío existencial. Esto es indulgencia.

La libertad constituye un objetivo maravilloso, pero es sólo una cara de la medalla, es sólo una verdad a medias, es sólo un aspecto del fenómeno humano integral, puesto que el fenómeno humano integral implica responsabilidad. El ser responsable es una condición esencial de la existencia humana, como suelo decir. Es por eso que yo siempre recomiendo en las audiencias en los Estados Unidos que debiera complementarse la Estatua de la Libertad de la costa oriental con una Estatua de la Responsabilidad en la costa occidental, porque la responsabilidad nos impone el sentimiento de estar a cargo del desarrollo del sentido personal, único y exclusivo de nuestra propia vida, y esto es lo que nos ayuda a sobrevivir y en la única posibilidad de liberarnos de la sensación de falta de sentido, de salir del vacío existencial y de sobrevivir incluso frente a las peores situaciones que puedan concebirse en una vida humana.